La pandemia del covid-19 no solo derivó en un problema de salud mun­dial que, como se sabe, se llevó con­sigo vidas humanas en todas par­tes; sin embargo, también aquella epidemia provocó que desde el año 2020 se iniciara un proceso de descomposición de las economías globales. La estabilidad monetaria y la sos­tenibilidad fiscal como el riesgo país sufrie­ron deterioros que terminaron en una de las peores recesiones que se conozca desde la Segunda Guerra Mundial.

Se contrajo el producto interno bruto (PIB) mundial en prácticamente el 4,3 por ciento de acuerdo a los datos proveídos desde diferentes organismos de información y análisis entre los que se encuentran los datos del Banco Mun­dial (BM) y las Naciones Unidas (ONU). Una recesión a esta escala resulta dañina aten­diendo a las repercusiones sobre la población.

En su momento los confinamientos totales o parciales afectaron a las economías parali­zando la actividad productiva. Concomitante­mente, fue un error del que se debe aprender para no volver a cometer, se interrumpieron las actividades que hacen a la economía y el comercio. Pronto, los países iniciaron pro­cesos de inusitados aumentos de sus deudas acompañado de emisiones monetarias que lle­varon para abajo el crecimiento y el empleo.

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Los países con ingresos bajos o dependientes de materias primas se enfrentaron a un esce­nario difícil de sortear y más todavía tomando en cuenta que con el incremento del endeuda­miento se hicieron sentir medidas de inter­vención estatal que no dejaron movilizar el ahorro y el capital privado, necesario pre­cisamente para la recuperación. Y si bien la contracción económica duró años e incluso todavía hoy se está pagando caro por aquellas decisiones que paralizaron la actividad econó­mica, la crisis también se fue convirtiendo en una oportunidad.

El caso de Paraguay deja una significativa enseñanza. Las secuelas de la pandemia afec­taron nuestra economía. El PIB había caído al 1 por ciento, aumento del déficit y la inflación; no obstante, en comparación con otros países no fueron tantos los daños como podría haber ocurrido. Luego en 2023 con la asunción del presidente de la República Santiago Peña se inició un importante cambio testimoniado en el crecimiento consolidado en periodos conti­nuos que, según los informes, podría seguir la misma senda en el presente 2026.

Específicamente podemos citar algunos indi­cadores. Durante el actual gobierno el cre­cimiento del PIB creció un 4,7 por ciento en 2023, nuevamente un 4,7 por ciento en 2024 y se volvió a crecer hasta el 6,6 por ciento el año pasado como igualmente todo indica que este año nuevamente se estaría por lo que se llama crecimiento sobre crecimiento. Por cierto y es de tomarse en cuenta, el aumento en el cre­cimiento se encuentra en el rango superior al promedio regional.

Las causas son también específicas. La infla­ción está controlada y estable en no más del 5 por ciento según los datos y aunque es tam­bién de mencionarse el aumento del déficit fis­cal en el orden del 4 por ciento, el mismo para su baja cuenta a la fecha con un programa de pagos a los correspondientes acreedores. Un detalle a mencionar es el riesgo país medido por el índice elaborado por el J.P. Morgan, el banco más grande de Estados Unidos y una de las instituciones más importantes y podero­sas del mundo, ubica a Paraguay como uno de los países con más bajo nivel de riesgo en la región.

El EMBI (Emerging Markets Bond Index) del J.P. Morgan mide la diferencia de tasa de inte­rés que debe pagar un país emergente por su deuda soberana en comparación con los bonos del Tesoro de los Estados Unidos, conocidos libres de riesgo. Esto supone una señal igual­mente incentivada para la inversión global hacia el país donde la estabilidad y la seguri­dad se hallan en permanente monitoreo.

Por lo expresado en consecuencia, no es una mera casualidad sino una causalidad el hecho cierto que nuestro país haya logrado el grado de inversión, altamente deseado por otros países desde agencias calificadoras como la Moody’s Ratings y la Standar & Poor’s manteniendo la perspectiva positiva en Fitch Ratings.

Esto no es para desconsiderar dado que implica para el país menor costo de financia­miento y atracción de capitales, siendo una oportunidad para que el Estado y las empre­sas privadas accedan a inversiones en los mer­cados internacionales a tasas de interés más bajas con efectos positivos que luego se expre­san en la vida diaria de la población.

A diferencia de otras naciones que todavía enfrentan los resabios de la recesión por la pandemia del covid por sus secuelas financie­ras y económicas, en Paraguay estamos dando pasos decisivos hacia el progreso.

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