La destrucción que sufrió Ciudad del Este en estos últimos ocho años es una situación nunca vista. El cambio que prometió Miguel Prieto al ubicarse en la intendencia con la caída de lo que señalaba una hegemo­nía colorada, fue una gran mentira que, sus actos en la municipalidad hicieron tocar fondo a esta ciudad cuyas calles, avenidas, plazas como demás espacios públicos están sumidos en la basura y el deterioro.

La ciudad entera está en la decadencia, esta es una realidad que no se había dado ni en los tiempos de las administraciones más denunciadas en la historia de la ciudad como fue principalmente, la gestión muni­cipal que antecedió a la de Miguel Prieto.

Prieto y sus amigos tomaron la municipa­lidad de Ciudad del Este después de una intervención política impulsada con una maratónica campaña mediática. El obje­tivo, a todas luces siempre fue delegar el poder en la administración a los opositores al partido colorado y lo consiguieron, pero los resultados que dejan luego de esa toma de hace ocho años son deplorables.

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La mentira, la desidia y la corrupción se apoderó de Ciudad del Este. Más grave aún es que el estado de terapia intensiva admi­nistrativa y estructural está solapado por una hipocresía mayoritaria de los medios de comunicación que, sin desparpajo se desentienden y hasta intentan blanquear ante la opinión pública al exintendente des­tituido precisamente por actos de corrup­ción. Esta zona fronteriza del país, en gran medida es la antesala del territorio nacio­nal, es la primera impresión para quienes cruzan el puente de la Amistad o arriban de afuera al aeropuerto de Guaraní. Por ello es altamente nocivo para la imagen, el estatus país el semblante de Ciudad del Este que, hoy es noticia a nivel internacional por el basural que la inunda.

La última lluvia que removió las toneladas de basura, entre los que se podía ver monto­nes de desechos peligrosos, objetos cortan­tes, etc. puso ante los ojos del país y de otros países vecinos el estado calamitoso de Ciu­dad del Este. Esto es apenas una parte de este distrito carcomido por la corrupción en toda su extensión.

Las calles de Ciudad del Este están rotas, asfaltos llenos de pozos, pese a que Prieto y sus amigos pagaron miles de millones por una planta asfáltica, insumos de mantenimiento de pavimentos. La zona comercial como varios otros sitios están atascados de basura, chatarras, esto es una bomba de tiempo en una ciudad que moviliza hasta 100.000 perso­nas por día en su área comercial.

Las condiciones mencionadas de la ciudad son producto de la desidia y la corrupción, principalmente. Ocho años del prietismo han representado el mayor asalto a las arcas de municipalidad mediante la admi­nistración fraudulenta que sistematizaron en la institución.

Las maniobradas contrataciones públicas, la desmedida repartija, el perjuicio patri­monial con millonarios pagos sin contra­prestación de los servicios, el nepotismo voraz sin mayor productividad más que la complicidad en los fatos del exintendente y su camarilla de angurrientos, hicieron tocar fondo a Ciudad del Este.

El descaro imperante por mantener el zoquete y seguir manoteando los recursos municipales tienen a toda la gavilla enfo­cada en la reelección del sucesor de Prieto, Daniel Pereira Mujica. El secretario del exintendente, ubicado al frente de la muni­cipalidad en este momento, Pedro Acuña está realizando llamados a contratación a mansalva, con el mismo modus operandi de asegurar millonarios desembolsos en con­cepto de anticipo, en plena campaña elec­toral.

Este sistema de apurar licitaciones, de sacar llamados a mansalva, previa eleccio­nes es habitual por parte de la rosca empo­trada en la municipalidad desde la llegada de Prieto. Están acostumbrados a las rifa­das de la plata de la gente en busca de sos­tener el zoquete, no les importa sacrificar obras, infraestructura, sino liberar fondos.

En este contexto, queda muy pocas espe­ranzas a esta ciudad. La única alternativa es que en las urnas se acabe con el festín y el sufrimiento de un distrito que tiene todo el potencial de ser una zona de desarrollo.

Los resultados de la gestión de quienes están al mando de la comuna están a la vista, la decisión depende de los dueños de casa que son los contribuyentes de Ciudad del Este. La hipocresía que disfraza la mala gestión está en una instancia clave, acabar con la desidia y la corrupción dependerá del poder concedido o retirado mediante las urnas.

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