Si hay casos de corrupción plenamente identificados son los atribuidos al exintendente de Ciudad del Este Miguel Prieto. Además del riguroso trabajo del Ministerio Público que llegó a las pruebas de los desfalcos en los varios casos denunciados, los mismos participantes, operarios del esquema, reconocieron que se prestaron al despojo de las arcas municipales.
Las evidencias son contundentes, los documentos hablan por sí solos y los mismos involucrados admitieron que los hechos de lesión de confianza, asociación criminal, administración en provecho propio atribuidos por la Fiscalía a Prieto y sus amigos son ciertos.
No solamente los leales utilizados cumpliendo órdenes del exjefe comunal se arrepintieron. Hasta los proveedores a los que Prieto privilegió con mucho favoritismo confirmaron que el dinero de la municipalidad se repartió discrecionalmente entre amigos y generaron millonarios perjuicios.
Funcionarios al servicio de la administración Prieto de áreas clave del circuito de desembolsos, como exjefes de compras, extesorero, exdirectivos del Consejo de Salud y hasta proveedores beneficiados con multimillonarios contratos dijeron que las licitaciones y las contrataciones por emergencias ejecutadas fueron una farsa.
Por ello vale remarcar, ante la selectividad reinante y la protección descarada a Miguel prieto que los hechos de corrupción que se le atribuyen están plenamente comprobados y a quienes hacen la vista gorda solo les queda el gastado discurso de la persecución política.
Este lunes 31 de agosto se le espera en el banquillo de los acusados a Prieto y a quienes colaboraron con su perverso esquema de desvío de fondos aprovechando los duros momentos de la pandemia por el Covid-19, con el sonado caso de la Tía Chela.
El juicio oral y público es uno de los mejores escenarios para disipar cualquier duda y que este pueda demoler los argumentos de la Fiscalía que lo tienen al borde de una condena que, todos esperamos sea ejemplar.
Otros tres procesos más con indiscutibles elementos mantienen a Prieto bajo la lupa de la Justicia.
El enorme negociado con la Tía Chela, una compra simulada de 25.000 kits de alimentos que dejó un perjuicio de G. 2.130 millones por los víveres no entregados, la compra simulada de 50 kilos de harina al extinto don Buena Ventura Morínigo a quien le hicieron improvisar una firma de maletín al solo efecto de facturar, sin rastros de la provisión de los insumos, las ollas populares marketineras articuladas por dos familias de leales del exintendente que prestaron facturas para intentar justificar la distribución de comida, el pabellón de contingencia que, detrás de las superobras difundidas esconde un perjuicio de G. 750 millones por la no realización de los trabajos adjudicados son apenas 4 de las causas avanzadas de un rosario de irregularidades denunciadas.
Estas investigaciones con datos categóricos del gran negociado de la era Prieto lo dejan a cara descubierta en sus manejos como administrador municipal y dejan imposibilitados a sus aliados de presentarlo como un perseguido político.
En sus inicios intentaron instalar el discurso de la persecución, pero ante las evidencias que luego incluso fueron confirmadas por miembros del esquema de desfalco demolieron el relato.
La Justicia está haciendo un buen trabajo, riguroso y sin contaminación política ni de ningún tipo. Nadie debe estar exento de rendir cuentas, menos aquellos administradores del dinero público y Prieto es uno de ellos, pese a que ya estiró 6 años sus causas con la miserable herramienta de la chicana.
Llegó el momento de que Prieto y sus cómplices expliquen de sus actos ante la Justicia y la opinión pública. Así como los políticos que hoy cumplen una pena por actos de corrupción la misma vara, con la misma fuerza debe caer sobre las espaldas de Prieto y de todos aquellos que osan manotear el dinero público.

