Paraguay es un país agroexportador convertido en uno de los referentes mundiales en cuanto a la agricultura se refiere. La exportación de sus productos del agro son el principal motor de su economía, con todos los efectos multiplicadores que ello implica. Miles de familias son beneficiadas con puestos de trabajo directa e indirectamente, generando divisas al país.
En estos primeros seis meses del presente año ingresaron divisas al país por más de dos mil quinientos millones de dólares. Y a diferencia de lo que algunos todavía creen, el complejo agroexportador no solamente vende materia prima, sino que también con valor agregado de carácter industrial como el aceite y harina de soja y otros, protegiendo el suelo favoreciendo la sostenibilidad ambiental. Los productos del complejo agro llegan a diversos destinos destacándose la calidad y la cantidad de los mismos según los parámetros internacionales muy bien considerados por los consumidores en la región como en lejanos lugares del planeta. El made in Paraguay es un motivo de orgullo nacional, obra de nuestros compatriotas y extranjeros que disponen de sus inversiones en el país mediante reglas de certidumbre que el Gobierno ha venido sosteniendo.
Esta base agroexportadora tiene la peculiaridad de constituirse en una obra colosal que viene creciendo y ya representa a la fecha prácticamente más del quince (15) por ciento del producto interno bruto (PIB) generando, además, el veinte (20) por ciento del empleo total. En esta primera mitad del año, solo con la soja se está alcanzando más 5 millones de toneladas de exportación, esperándose por lo bajo 12 millones de la misma unidad de peso.
Como dice el presidente Santiago Peña, “siendo nuestro país agroexportador, esta característica debe ser fortalecida mediante una adecuada y cada vez mejor logística, con obras de infraestructura para así hacer más eficientes las exportaciones”. Totalmente cierto. La anhelada competitividad del país en su conjunto requiere, por ejemplo, de un tren de cargas y de transporte de personas mediante el uso de energía eléctrica.
Nuestro país en materia de producción, comercio y exportación de granos cuenta con un muy bajo número de restricciones y de medidas arancelarias si comparamos con otros de la región, cuestión vital que hace al aumento de la inversión y el consecuente incremento de la producción y de la productividad por hectárea cultivada.
El rendimiento de hasta 3 mil kilogramos por hectárea es un rango destacable en los departamentos de Itapúa, Alto Paraná, Canindeyú y Caazapá, sin desmedro de otras zonas con 2 mil kilogramos por hectárea como sucede en Amambay, siguiendo Guairá, San Pedro, Concepción, Cordillera y Paraguarí. De igual importancia, en el Chaco, lugar donde antes se consideraba como zona con escasas posibilidades de la práctica productiva de la agricultura especializada, en el presente, sin embargo, la Encuesta Nacional Agropecuaria del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) arroja informaciones interesantes sobre la productividad lograda en la región Occidental en términos agrícolas.
La soja en el sueño chaqueño es el principal cultivo con más de ciento cincuenta mil (150.000) hectáreas sembradas con un rendimiento de más de dos mil (2.000) kilogramos por hectárea. Nuestro Chaco ya forma parte de ese modo del complejo agroexportador donde el sector cerealero y cárnico ofrecen elogiables logros. Solo en estos primeros seis meses del presente año, es de destacarse, el complejo agro está generando más de 2 mil quinientos millones de dólares (USD 2.500 millones) de ingresos de divisas para el país, un ejemplo proveniente de la cooperación de los miles de productores en nuestro territorio nacional. Campaña tras campaña, todos los días y sin descanso, se apuesta al trabajo y a la permanente innovación para competir bajo las extremas exigencias de los mercados internacionales, donde nadie logra su cometido por obra de una dádiva o regalo, sino que debido al ahorro, la inversión, la disciplina, el uso de tecnologías y las buenas prácticas agrícolas.
Sobre esto último no podríamos dejar de mencionar las buenas prácticas agrícolas mediante la siembra directa aplicada especialmente en los cultivos de soja, maíz y trigo realizados en más del noventa (90 %)) por ciento del área cultivable de granos en el país, una práctica que ha convertido a Paraguay en referencia regional y mundial.
La siembra directa elimina la preparación tradicional del suelo haciendo uso del cultivo anterior y de este modo se transforma la forma de producir, se eleva la rentabilidad y algo muy importante a tomarse cuenta, con menor impacto ambiental dado que se preservan las propiedades químicas, físicas y biológicas del suelo, reduciéndose la erosión. El agro en Paraguay, sin dudas, muestra capacidad de exportación y sostenibilidad ambiental.

