Paraguay dejó de ser el bochornoso país blanco de noticias por casos de narcotráfico. Este gobierno recuperó la cara de nuestro país con el firme combate al crimen organizado que se instaló y se fortaleció durante el gobierno de Mario Abdo Benítez.
Los decomisos de grandes toneladas de cocaína en puertos internacionales dejaron de sacudir al Paraguay ante el mundo. Sin duda, el Estado cuenta con las herramientas para combatir al flagelo del crimen organizado, pero la ausencia de la voluntad política, como ocurrió en los 5 años del gobierno anterior permitió proliferar el ilícito a grandes escalas, con una connivencia sin precedentes por parte de altas autoridades con capos del negocio ilícito.
Hay que decirlo, el gobierno de Mario Abdo incineró la imagen del país ante la comunidad internacional. Fuimos noticia constante de incautaciones de cientos toneladas de cocaína en puertos europeos como Hamburgo, Bélgica, España y en otros a nivel regional como los decomisos en Brasil, Uruguay, etc., que dejaban al descubierto el nulo control en Paraguay, producto de una mezcla de desidia y complicidad gubernamental.
Las cifras que movió el ilícito fue extraordinario. Estudios realizados por entendidos estimaban el auge de la narcoexportación durante el gobierno Abdo, consolidó un negocio que desde el 2020 hizo circular en negro unos USD 25.000 millones.
El daño a la imagen país y a la estructura misma del Estado fue enorme. La confianza se desmoronó complemente para la ciudadanía, mientras la logística narco se fortalecía aprovechando facilidades que se concedieron alevosamente como la liberación de los controles en los puertos.
Una dejadez que parecía más que una alianza desnaturalizó el Estado en los tiempos de Abdo y eso no se puede olvidar ni dejar atrás solo porque pasaron los años. Hasta los ministros de su gobierno aparecieron como amigos de capos narco, recibiendo favores de quienes estaban investigados en grandes operativos antinarcóticos.
Esta situación ha sido revertida por el actual gobierno. Precisamente, el presidente de la República asumió esta realidad en su último informe y de manera contundente refirió que, “Paraguay dejó de ser el corredor de la cocaína de Latinoamérica”.
El mandatario explicó detalladamente el trabajo de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) que volvió a realizar controles estrictos, mecanismos de inteligencia operativa, uso de tecnología y la cooperación internacional, que se habían debilitado durante la gestión anterior. “Desde principios de este gobierno hasta la fecha, no se ha registrado ninguna incautación de cocaína en Europa asociada a envíos desde Paraguay”, puntualizó el jefe de Estado.
Como nunca, la Senad hizo incautaciones que batieron récord. Los números que socializó el presidente indican que solo en el último año la institución antinarcótica realizó 8.947 operativos que generaron USD 212 millones de perjuicio al negocio narco. Si ahora se pudo hacer estos trabajos, por qué antes no, es la pregunta que queda picando.
Paraguay cuenta con profesionales de alto perfil en sus organismos de seguridad. De hecho, personal de inteligencia alertaron al gobierno de Abdo, es decir al mismo Abdo Benítez de la llegada del narco Sebastián Marset y proveyeron información del esquema, la logística que iban instalando con los depósitos de acopio de cocaína en el Chaco de cocaína que ingresaban desde Bolivia y la complicidad de empresarios en los puertos de salida del país.
Los equipos de inteligencia tenían identificado pistas, depósitos en el Chaco y en las inmediaciones de los centros portuarios. Sin embargo, los brazos caídos desde el gobierno de Abdo permitieron el afianzamiento del ilícito.
El oscuro periodo que vivió el país durante el gobierno de Abdo no debe volver a repetirse jamás. Si la actual administración estatal avanzó con el combate al narcotráfico y otros problemas no existen argumentos para retroceder.
Los logros de este gobierno son muy importantes en el combate al crimen organizado y la recuperación de la confianza en el país, pero los desafíos siguen siendo grandes. Sostener un territorio libre de estas actividades ilícitas exige un continuo esfuerzo por parte del Estado, ese es el camino si realmente aspiramos el desarrollo y el bienestar.

