El informe presidencial establecido en nuestra Constitución Nacional en el artículo 238, inciso 8, tiene como propósito que el presidente de la República se dirija al Congreso y desde aquí al pueblo para rendir cuentas sobre su gestión y planes para el devenir de la nación.

El presidente Santiago Peña, en tal sentido, habiendo logrado acceder al poder bajo los rigores de la democracia representativa que exige el voto popular, viene cumpliendo con aquel precepto constitucional explicando con el acompañamiento de los hechos los avances que se están dando en el país.

Cuando el primer mandatario se dirige al pueblo por medio del mencionado informe muestra el camino hacia el desarrollo con una tendencia positiva e inobjetable. Una economía en franco crecimiento viene mere­ciendo la crítica positiva como las provenien­tes de organizaciones importantes como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Inter­nacional así como de las calificadoras de renombre como la Standard and Poor’s, Moody’s Ratings y la Ficht Ratings, las dos primeras, por cierto, ya otorgaron el grado de inversión, logro nunca antes obtenido en Paraguay.

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Y se trata no solo de la macroeconomía, lo que es de suma importancia, sino también de lo que se llama la microeconomía referida a la actividad y decisiones de las personas, hogares, trabajadores y empresas. La macro­economía de nuestro país, en efecto, mues­tra vigorosidad y consistencia a largo plazo, lo que se puede explicar desde el reordena­miento de las cuentas, el control de la infla­ción y del déficit fiscal que, como sabemos, estuvo a punto de convertirse en la mayor amenaza para el futuro de nuestro país y al que el gobierno actual precisamente dedicó su atención.

Sobre esto último, la convergencia fiscal se está logrando aun tomando en cuenta la influencia de los shocks externos y problemá­ticas suscitadas en otras regiones del mundo que, de algún modo u otro, impactan sobre las economías de los países. No obstante, se puede notar, y tal como vienen diciendo los informes técnicos con relación a Paraguay, un declarado posicionamiento de velar por la Ley de Responsabilidad Fiscal, compromiso asumido por el actual gobierno desde el ini­cio de su gestión.

El hecho de que a la fecha se instalen empre­sas desde un país como el Brasil en la canti­dad de más de 250 firmas y negocios ope­rando en nuestro territorio, en ningún modo –consideramos e insistimos– es un hecho trivial supeditado a la suerte, situación esta última que creemos no existe dado que es mejor contar con la debida y previa prepa­ración para aprovechar las oportunidades, como en efecto está ocurriendo en el pre­sente en Paraguay.

Nadie en su sano juicio podría objetar los hechos comprobables. Las cifras son con­tundentes en cuanto a la inversión se refiere, superando los 10 mil millones de dólares. En este mundo cada vez más interconectado por la tecnología y en donde se dispone de infor­mación a todo tiempo, no hay familia, per­sona o empresa que se traslade de un lugar a otro para vivir e instalar sus negocios sin saber previamente sobre dónde irá. Eso de ir a ciegas no existe como ocurría en el pasado.

La gente se informa y consulta a diario para tomar sus decisiones y más cuando se refiere a lo personal, individual y familiar, su vida presente y futura, donde el sistema tributa­rio tiene prioridad absoluta al igual que la seguridad. Para tomar nota de lo expresado y de acuerdo a la Dirección de Migraciones, se registraron más de 2 millones de ingresos de extranjeros al Paraguay, siendo uno de los principales destino con mayor aumento por­centual a nivel global según la ONU turismo, sumado a que más de 50 mil personas obtu­vieron su residencia permanente en estos dos últimos años. Esto significa confianza y predecibilidad, elementos que ofrece nuestro país por medio de su actual gobierno.

Por supuesto, nada está dado. Todo está expuesto a los cambios perfeccionando según corresponda. El presidente Santiago Peña, sobre esto último, utiliza la siguiente interrogante: ¿Falta mucho? Y su respuesta es “muchísimo, pero se puede seguir cre­ciendo como lo estamos haciendo, favore­ciendo a la población sin populismos y mera retórica”. “Los paraguayos queremos demo­cracia, queremos seguir creciendo, queremos república, queremos paz”, sostiene el primer mandatario.

El pueblo paraguayo mucho ha padecido con dos guerras internacionales en su historia y revoluciones internas que concitaron pade­cimientos, inestabilidad e impredecibili­dad. Hoy, no obstante, si hay un indicador a exhibirse para calificar a la actual adminis­tración se encuentra en la notable reducción de la pobreza a niveles históricos del 16 por ciento y el 2,4 por ciento de pobreza extrema. Es por ello y por otros motivos que el informe presidencial es realista y esperanzador.

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