Tal vez sea una de las preguntas más interesantes y repetitivas de los últimos meses en nuestro país. Desde diversos sectores se opina sobre si las inversiones están llegando o no al país y si las mismas benefician a la población.
La pregunta resulta razonable por lo que consideramos que la respuesta debe ser sensata basada en datos y análisis con criterio argumentativo, siendo el motivo por el cual, seguidamente, vamos a exponer algunas informaciones expresadas y cotejadas por diversas agencias internacionales como el Banco Mundial.
Es de tomarse en cuenta que las informaciones y conclusiones proveídas desde el exterior son verificadas minuciosamente para su publicación por las fuentes de estudios socioeconómicos. Así, nuestro país creció al 5,5 anual tomando como referencia el producto interno bruto (PIB) lo que implica un crecimiento muy por encima de los países de la región, con el agregado de que se está ante el caso conocido de crecimiento sobre crecimiento. De esta manera, en nuestro país se ha dado por terminado el viejo paradigma de las permanentes oscilaciones de expansión y contracción económica.
De igual modo se puede mencionar y siguiendo las informaciones provenientes de agencias como el Banco Mundial que en estos últimos años una importante cantidad de nuestros compatriotas, cerca de 300 mil, salieron de la pobreza con uno de los índices más bajos de desempleo en los últimos quince años.
Si solo se tomaran estos datos que, por cierto, en cualquier otro país sería un profundo motivo de satisfacción a nivel nacional, ya sería suficiente para responder a la pregunta expresada en el título de este editorial. Pero si todavía existen dudas al respecto, entonces podríamos agregar otros factores. Nuestro país se encuentra en una situación nunca antes conocida debido a que el boom económico tiene explicaciones tanto institucionales como en los mismos hechos.
Esto es, en términos de carácter institucional, analistas nacionales como extranjeros sostienen que el sistema tributario vigente tiene las características que los manuales teóricos requieren como incentivadores de las inversiones, ya sea para el capital nacional como extranjero. Citemos, por ejemplo, que más de 250 empresas brasileñas operan actualmente en el país, atraídas por ventajas competitivas relacionadas a los impuestos como el régimen de Maquila al 1 por ciento, la energía disponible y menores costos burocráticos y laborales.
Esto no se puede negar. Nuestro sistema tributario es simple y competitivo, siendo acompañado por la excelente gestión en el control de la inflación junto con la disponibilidad de energía renovable y limpia, la construcción de una logística en el transporte de calidad como el puente de la Bioceánica, pronto a concluirse y que está convirtiendo al Paraguay en protagonista de primera línea a nivel regional y mundial en la más ambiciosa unión de los dos océanos, el Atlántico y el Pacífico.
Todo ello conlleva efectos multiplicadores positivos, impacta sobre la producción, el comercio y la industria de más bienes y servicios dispuestos en calidad y mejor precio para la gente. En términos de la realidad y sobre lo que estamos refiriéndonos aquí, implica que las inversiones vienen al país al punto que se puede cotejar esta afirmación con la llegada de capitales y la instalación de empresas, pero no en términos vagos y generales, sino reales y concretos.
Desde hace dos años y medio se vienen registrando la constitución de más de 660 empresas con participación extranjera para su operatividad en nuestro territorio junto con la aprobación de más de más de 80 proyectos bajo el régimen de maquila.
Todo esto, desde luego, en ningún modo resulta extraño o inexplicable tomando en cuenta lo que implican los beneficios del crecimiento de la economía. El aumento del capital circulante garantizado por la estabilidad política con la que contamos en el país y con políticas correctas como de no subir los impuestos como ha venido diciendo con énfasis el primer mandatario, han tenido impacto en la reducción de la pobreza, un logro de la actual administración gubernamental constituyéndose en un mínimo histórico del 16 por ciento y del 2,4 por ciento de la pobreza extrema.
Lo mismo se puede decir del aumento de los empleos formales favoreciendo a los salarios reales de acuerdo a lo que el mercado va mostrando hacia las áreas rurales, constatado por el aumento de la productividad agrícola. Los nuevos y mejores servicios facilitados desde el Gobierno y el sector privado como la bancarización de la población vienen posibilitando el acceso al crédito por parte de sectores socioeconómicos antes prácticamente marginados del mercado de capitales.
Lo expresado, finalmente, tiene explicación. Las inversiones están viniendo con cifras históricas superando los 10 mil millones de dólares, con un entorno de negocios que favorece a la población debido a los grados de inversión logrados durante el presente gobierno en un ambiente de seguridad y estabilidad política, todo lo cual constituye una perspectiva de futuro promisorio para el Paraguay.

