Los indicadores del Banco Central en su informe Índice de Confianza del Consumidor (ICC) muestran que las expectativas son positivas para la economía. El crecimiento acumulado en lo que va del año se ubica en el 5 por ciento y el empleo da cuenta de 117 mil nuevos puestos de trabajo en este primer trimestre, compa­rado con el mismo período del año anterior.

Igualmente, el Indicador Mensual de la Acti­vidad Económica del país (IMAEP) mues­tra el incremento en las ventas en vehículos y mantenimiento, productos farmacéuti­cos, químicos y las tiendas. Y agreguemos –siguiendo los datos– la inflación interanual a mayo del presente año se ubicó en 2,4 por ciento, manteniéndose estable y dentro del rango meta establecido por el Banco Central del Paraguay (BCP).

Por el lado del comercio exterior el mismo está creciendo apoyado en el aumento de las exportaciones donde se destacan los envíos agrícolas y la maquila con 340 empresas operando bajo este régimen en el país. En el sector textil y de confección, para citar, se fabrican marcas globales como Adidas, Nike, Fila, Lacoste y Wrangler. Y agrega­mos los siguientes; el déficit fiscal global está situado en el 2,4 del producto interno bruto (PIB), el riesgo país es uno de los más bajos de la región, siendo nuestra economía una de las que más se expanden en América del Sur.

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En todas partes, el crecimiento de la econo­mía es un proceso. No hay fórmulas mágicas. Es ahorro, inversión, instituciones predeci­bles, trabajo, disciplina, garantías a la pro­piedad privada en un ambiente de seguridad. Solo así las inversiones obtienen rentabilidad y los ingresos se incrementan.

Insistimos, no existen fórmulas mágicas. Eso de querer volver a inventar la rueda en la eco­nomía no es más que una de las tantas menti­ras populistas desprovista del mínimo rigor teórico práctico.

El siguiente caso permite una mejor com­prensión acerca de lo expresado. Ante la caída en la cotización del dólar con relación a nuestra moneda, supongamos que el Banco Central se decidiera a intervenir para que la cotización “suba un poco”, medida que desde luego será bienvenida para los exportado­res. Sin embargo, de procederse de ese modo, serán los importadores en general lo que se verían perjudicados dado que deberán contar con más guaraníes por dólar para el ingreso de sus mercaderías a nuestro territorio afec­tando, además, el consumo en los hogares.

Miles de familias pagan préstamos en dóla­res así como las empresas importadoras de diverso porte que traen maquinarias, insu­mos y tecnología en general, deberán abonar en dinero más caro porque el dólar fue inter­venido haciendo subir la cotización con rela­ción al guaraní. El citado ejemplo es solo una muestra sencilla para entender sobre cómo una medida que parecería beneficiosa, final­mente, termina por perjudicar a más gente de lo que se cree.

Lo correcto, y como bien se dice desde el gobierno del presidente Peña, es dejar que el dólar siga su curso, esto es, que se mueva de acuerdo a lo que dispongan oferentes y demandantes de ese bien.

Con respecto a la percepción versus los datos, notamos a diario que algunos medios de prensa consideran que nuestra economía se encuentra en franco deterioro, presentán­dola como una verdad absoluta. Además, se valen de algunos analistas que se encargan de inculcar el catastrofismo, todo ello basado en la percepción que se dice tener de algu­nos sectores haciéndolos aparecer como una mayoría.

Esta malévola intención de inocular el veneno del derrotismo y el desánimo en la población viene acompañada de diatribas como si el país estuviera yéndose hacia el abismo comparán­dolo con otros que a todas luces están real­mente muy mal, afectados por la inflación, el deterioro de los salarios, el desempleo y una extrema inseguridad que no favorecen ni al capital ni al trabajo.

No obstante, aquella percepción insuflada adrede es contraria a las referencias de la rea­lidad. Preferimos, por ello, hacer notar los indicadores económicos antes que dejarnos llevar por la percepción del derrotismo inocu­lado por sectores minoritarios que creen que así lograrán sus objetivos, entre ellos, desgas­tar al gobierno.

Los datos expuestos más arriba, en conse­cuencia, muestran una tendencia hacia resul­tados positivos. La economía está en marcha y puede seguir mejor. Pero nada de lo expre­sado en los irrefutables datos son del interés de los que se deleitan con la percepción catás­trofe del país puesto que, y se nota demasiado, están lejos y en contra del pueblo.

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