Recientemente, la Contraloría General de la República presentó el informe conclusivo del estu­dio de correspondencia de bie­nes del presidente Santiago Peña cuyo resultado fue consistente con relación a sus ingresos. Vale decir que el proceso del análisis corrió con celeridad debido a la trazabilidad, la transparencia en la dispo­nibilidad de los documentos para la con­firmación de los datos.

La eficiencia en la investigación sobre los bienes del presidente Peña se debe a la voluntad que el mandatario tuvo de ponerse a disposición de la Contraloría, como lo hace cualquier persona que no tiene qué esconder. No es el mismo caso que el expresidente Mario Abdo Benítez, cuyo patrimonio acumulado no puede ser analizado en su magnitud debido a las maniobras administrativas que mantiene en la oscuridad la realidad sobre su for­tuna.

Hace 3 años que el análisis patrimonial al expresidente Abdo se encuentra estan­cado porque las instituciones de con­trol no logran consensuar estrategias en la obtención de las documentaciones que den luz sobre su fortuna. Lo cierto y contundente es que las distribuidoras de asfalto de Abdo, Aldia SA y Createc SA experimentaron volumen de ganan­cias que nunca obtuvieron, durante el gobierno de su mayor accionista.

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El contundente informe preliminar del estudio de correspondencia de la Contra­loría confirmó que las utilidades de las mencionadas empresas de Abdo aumen­taron 70 veces durante su administra­ción. Sin embargo, estas ganancias están muy bien cubiertas que se desconoce a ciencia cierta el destino de las mismas.

A diferencia de Peña, el expresidente Abdo dificultó la tarea a la Contraloría al punto que el ente de control se declaró con limitaciones para hallar la forma en que las empresas del exmandatario acu­mularon incremento de hasta 6.110 % anual y el destino que dieron a esta for­tuna.

La Contraloría tuvo que remitir el informe preliminar del examen de corres­pondencia de bienes de Abdo al Ministe­rio Público para que esta institución, en el marco de sus atribuciones pueda inda­gar cómo las empresas de Abdo ganaron USD 45 millones de los cuales el 90 % se consignaron en fondos de reserva de los cuales existen muchas dudas.

¿Qué es lo que tanto le acompleja al expresidente Abdo de la fortuna que acu­muló a través de sus distribuidoras de asfalto? ¿Por qué tantas inconsistencias en los estados financieros de sus empre­sas?

Todo el país sabe que Abdo se escondió detrás de su hijo a quien puso como apo­derado de sus empresas durante los cinco años que gobernó, periodo en el que estas firmas tuvieron utilidades como nunca.

La sospecha que gira en torno a los fondos de reserva operativa no termina de acla­rarse. Del 90 % de utilidades que se con­signaron bajo este concepto, 66 % equiva­len a la cuenta de deudores por ventas.

Lo más llamativo, según el informe pre­liminar de Contraloría, es que estas deu­das registradas en los estados financieros de ambas firmas son muy superiores al detalle de las cuentas pasivas declaradas por sus clientes, en algunos casos hasta inexistentes,

Son demasiadas inconsistencias, manio­bras administrativas en el movimiento comercial de las empresas de Abdo que, con la burocracia de las instituciones dilatan la verdad sobre sus facturaciones.

El expresidente que hace chistes sobre la situación económica de sus adversarios políticos no tiene mucha altura moral para ironizar, puesto que el arrastra sos­pechas y dudas sobre su patrimonio desde hace varios años.

Las instituciones todavía no han dado su veredicto de si Abdo se enriqueció licita o ilícitamente.

No existe hasta ahora un dictamen o investigación concluida que lo declare inocente con relación a las multimillona­rias ganancias de sus empresas en tiem­pos que él era presidente.

Mientras que Abdo no esclarezca la riqueza acumulada a través de sus empre­sas durante su gobierno no tiene el dere­cho de señalar a otros. Su obligación es transparentar lo que amasó en los tiem­pos que ejerció el cargo que le encomendó la ciudadanía y las instituciones deben actuar con más celeridad en dar luz a este suspicaz caso.

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