El jueves 25 de mayo de 1995 aparecía por primera vez un ejemplar del diario La Nación con la consigna de ser “una voz independiente para el nuevo Paraguay”, un compromiso que cada día es su propósito de vida y objetivo primordial. Su tarea implica un gran esfuerzo cotidiano para ser fiel a sus propósitos en medio de la vorágine de los hechos de toda índole y color que asaltan la existencia. Porque contar lo que ocurre en el país y en el mundo no es solo relatar lo que sucede, sino también poner todo el esfuerzo por ser fiel a la verdad y enfatizar en el propósito de servir al país y su gente.
Los tiempos han cambiado desde aquel entonces, cuando el presidente de la República era el ingeniero Juan Carlos Wasmosy, el primer civil que gobernó el país luego de cuatro décadas de gobiernos con presidentes militares.
La hidroeléctrica de Itaipú, la mayor inversión económica del país junto con Brasil, hacía apenas once años que estaba produciendo energía y constituía entonces la mayor esperanza de la transformación económica paraguaya por su influjo financiero y su aporte a la producción industrial.
En el capítulo económico, el algodón era el mayor producto de exportación, todavía lejos de la era de la soja que vino después a transformar la agricultura y la economía paraguaya con su irrupción en la vida productiva.
El valor total de las exportaciones del país no llegaba a los 1.000 millones de dólares frente a los 16.720 millones de dólares que alcanzó en 2025. La población del Paraguay se estimaba entonces en 4,6 millones de personas, algo más del 60 % de lo que se calcula que tiene en la actualidad.
Debido a las transformaciones y al gran número de cambios en el país y en el mundo, la realidad actual no es la misma que cuando apareció en las calles el matutino La Nación, con el grito callejero de los canillitas que ofrecían el nuevo producto a voz en cuello frente a los competidores que veían surgir el nuevo diario.
Hoy el Paraguay y todo el planeta han sufrido grandes cambios que han transformado en gran medida la existencia. Los diarios impresos ya no se venden en las calles en la misma cantidad, como ocurría anteriormente, un fenómeno que antes nadie imaginaba, porque hoy día se los puede leer en las páginas digitales desde la comodidad de una computadora o la facilidad de un teléfono celular.
El avance de la tecnología hace que cualquiera se pueda informar de lo que ocurre en cualquier parte del mundo con una facilidad insólita y, al mismo tiempo, puede ser víctima de los inventos, las mentiras y las intenciones torcidas con la fuerza de estar presente en forma inmediata al alcance de la mano.
Pero a pesar de los numerosos cambios que se han dado y las grandes transformaciones que ha sufrido la existencia, el compromiso de La Nación con la verdad sigue siendo el mismo de siempre. Y su afán de informar con seriedad no ha cambiado, aunque los énfasis y los enfoques pueden ser diferentes a los de antes de acuerdo a las circunstancias de la vida actual.
En ese sentido, sigue pendiente de lo que ocurre para informar y comprometido con la obligación de contar lo que realmente ocurre y no depender de la imaginación ni de los intereses de ciertos grupos. Aunque, como todo instrumento informativo, tiene su tendencia en materia de ideas y propósitos, su principal objetivo es contribuir con firmeza para ir transformando al país en la nación que sea un hogar para todos.
Por eso, aparte de informar lo más objetivamente posible, predica la importancia de la libertad en todos los ámbitos, la preeminencia de los intereses nacionales, el propósito de que la economía vaya transformando la sociedad con nuevas oportunidades para una vida mejor de la ciudadanía paraguaya.
El transcurso del tiempo ocasiona variaciones de toda índole. Algunas que producen profundas mutaciones y otras que son parte de la normal evolución. Pero lo más importante es no cambiar en lo esencial, que es la idea que ha originado el nacimiento de este medio de comunicación: contar lo que sucede en la realidad para ser fiel a la verdad.

