Mientras disparan a sus adversarios con calificati­vos que en realidad les calza a ellos cada vez con mayor alevosía, algunos políticos, principal­mente de la oposición y ciertos disiden­tes, han perdido totalmente la vergüenza al comportarse como títeres de grandes corporaciones empresariales, dueños de medios de comunicación.

Ya no disimulan el oficio de opinólo­gos alineados a la agenda de ABC Color, Última Hora y otros medios que se han incluso infiltrado en sus tareas legislati­vas. Desde hace bastante tiempo, otros incluso desde el inicio de su periodo par­lamentario, vienen usando horas de dis­cursos en rol de legisladores, al efecto de brindar un apoyo solidario a la prensa amiga y sus negocios.

Es una aberración. El pueblo paraguayo no los eligió para corresponsales ni agen­tes de medios para proteger intereses empresariales. Se les asignó la confianza de ocupar curul en la Cámara de Diputa­dos o de Senadores para aportar leyes que puedan mejorar la calidad de vida de la ciudadanía.

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Las veces que hemos sigo testigos de cómo el diputado Mauricio Espínola estuvo a punto de llegar a las lágrimas persiguiendo y criticando negocios de un banco de plaza, principal rival de la enti­dad bancaria del grupo ABC Color, hoy en desgracia por el caso de lavado de dinero desviado de la Confederación Sudameri­cana de Fútbol (Conmebol).

Los guaraníes que pierde el banco de los Zuccolillo, dueños de ABC Color, es agenda segura para Espínola, que en los últimos meses hasta se convirtió en investigador de datos para fustigar nego­cios de privados y así tratar de volcar opi­niones a favor del medio amigo.

A boca llena políticos truchos viven acu­sando de empleaditos a sus contrincan­tes, pero los que actúan de defensores de negocios privados y que están a la vista de toda la ciudadanía son ellos mismos.

Siendo generosos con el pensamiento, algunos políticos han tocado fondo, han degradado sus investiduras para actuar de agentes de medios a cambio de unas miserables tapas o entrevistas benevo­lentes.

La acusación fiscal para elevar a juicio oral el proceso que sindica al presidente del banco de los Zuccolillo por presunto de lavado de dinero junto con un grupo de personas volvió locos obviamente a los dueños de ABC, medio acostumbrado a ejercer poder y torcer decisiones a su antojo con sus tapas. Tempraneros pro­gramas del holding mediático conducidos por “fanáticos y convencidos” periodis­tas del grupo se embarcaron en la misión de defender a sus patrones involucrados en el escandaloso caso de dinero desviado del fútbol.

Los mismos de siempre como el impresen­table del senador Rafael Filizzola, exmi­nistro del Interior que se burló por más de una década de la justicia por el caso de los helicópteros y las comisarías “de oro” formaron fila para sumarse a la protesta y los ataques a las instituciones del Estado que osaron en llevar al banquillo de los acusados a los directivos del banco del medio amigo. Cuando les conviene denun­cian injerencia política en otro poder del Estado, pero cuando les toca a los suyos no se acuerdan de la independencia judicial.

Esto de que un parlamentario o un político opositor sea llamado para atacar a las ins­tituciones públicas en defensa de intereses empresariales de quienes les guiñan sus fechorías ya es una constante. De hecho, siempre menospreciaron y hostigaron a funcionarios de la justicia, jueces, fiscales.

Recordemos los agravios y las humilla­ciones que lanzaba Desirée Masi contra el extinto fiscal Marcelo Pecci, al que hoy busca rendirle honores. Han perdido la vergüenza y pérfidamente demuestran la pérdida de la independencia en el rol que les encomendó el pueblo a través del voto. Este abuso de autoridad y denigración de investidura ni puede continuar campan­temente.

Si trabajan para el Estado, deben abocarse a proyectos en beneficio de todos los ciu­dadanos. No pueden percibir sueldo del Estado mientras se subordinan a intereses particulares y atentan contra la moral de las instituciones. Si tanto les quebranta los negocios de sus amigos, pueden hacer el favor de dejar de colgarse de los contribu­yentes y pasar oficialmente al plantel de empleados de estas corporaciones.

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