A medida que avanza la cobertura etaria para alcanzar a la totalidad de los adultos mayores con la pensión universal lograda en este Gobierno, también aparecen personajes nefastos con propuestas engañosas y de mala fe, que esconden un ruin interés político. Las autoridades deben actuar con estrategia para evitar que estas “ofertas” y sin sustento contaminen un programa tan sensible como el subsidio destinado a un sector vulnerable.
No existe sustento legal ni capacidad económica para el planteamiento de equiparar la pensión para la tercera edad al salario mínimo vigente. Es necesario ser claros en este punto, ya que no debe confundirse con el beneficio legal de la jubilación, que demanda largos años de aporte por parte de sus beneficiarios.
La pensión universal para adultos mayores es un programa social clave impulsado en este gobierno, que busca brindar un alivio a una población vulnerable que no pudo acceder a una jubilación por diversas razones. Su implementación, con un pago equivalente al 25 % del salario mínimo vigente, significó desde sus inicios la inclusión de un sector históricamente relegado.
Esta iniciativa, que otorga un ingreso básico a personas sin oportunidades de una vejez digna, ha mejorado la calidad de vida de miles de adultos mayores. Este año, la cobertura alcanzó a más de 360.000 beneficiarios, con una contribución estatal cercana a los USD 500 millones, lo que representa una inversión significativa proveniente de los aportes de los contribuyentes. En este contexto, resulta inaceptable la propuesta –engañosa– de jugar con las expectativas de los adultos mayores. No se puede tolerar este tipo de prácticas que terminan afectando a una población tan vulnerable.
Los beneficiarios, sus familiares y la ciudadanía en general deben comprender que no se requiere de ninguna organización irregular para acceder a un beneficio que es universal para quienes cumplen los requisitos establecidos. No deben dejarse engañar por promesas falsas de personas que buscan obtener rédito político.
El boicot que se intenta contra el programa de pensión para adultos mayores guarda similitud con las acciones que, de forma sistemática, algunos sectores han dirigido contra otras iniciativas sociales, como Hambre Cero.
Tal como lo ha explicado en reiteradas ocasiones el ministro de Desarrollo Social, este programa no implica subsidios indiscriminados, sino transferencias con objetivos claros, orientadas a evitar la indigencia en la vejez de quienes no cuentan con otros ingresos.
Ante el esfuerzo por dignificar la situación de los adultos mayores excluidos de beneficios como la jubilación, no se puede permitir ningún tipo de manipulación disfrazada de “organización” o “coordinadora”, que históricamente han operado esquemas que perjudican a los más desprotegidos.
Es fundamental insistir, desde el Estado y a través de todos los medios de comunicación, en que no se requiere pertenecer a ningún grupo social o político para acceder a este derecho, siempre que se cumplan los requisitos establecidos.
No se puede dar lugar a promesas engañosas. Las autoridades deben desenmascarar e investigar a quienes, con prácticas irresponsables, ponen en riesgo a los adultos mayores, no solo desde el punto de vista económico, sino también en su salud y seguridad. Deben activarse todos los mecanismos necesarios para garantizar que ningún beneficiario de la pensión sea vulnerado en sus derechos.

