Después de años de búsqueda finalmente cayó el uruguayo Sebastián Marset, jerarquizado como el tercer narcotraficante más importante del mundo. Paraguay es uno de los países en el que desarrolló su enorme logística para el ilícito que movió cifras de negocios multimillonarias, todo con la complacencia del gobierno corrupto de Mario Abdo Benítez que permitió al hoy preso en los Estados Unidos se moviera a sus anchas en todo el territorio, con todos los privilegios para pasar inadvertido.
Este despliegue durante el gobierno anterior se materializó a través de las instituciones de seguridad que prácticamente actuaron de cómplices y que facilitaron el movimiento del crimen organizado, no solo manejado por Marset sino por varios otros capos.
La indisimulada liberación de los puestos de control es un hecho que además de no tener precedentes colaboró con el florecimiento del negocio ilícito, una situación que debiera ser investigada para castigar a quienes contribuyeron con este auge.
No puede quedar como simple anécdota para la especulación aquel decreto con fecha 15 de agosto del año 2018 que firmó Abdo Benítez apenas recibió el mando presidencial.
El documento firmado por el exmandatario otorgó un poder discrecional a su elegido ministro de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), Arnaldo Giuzzio de disponer lo que llamaron “reorganización” de la entidad antidrogas. Esto no significó otra cosa que el desmantelamiento de los puestos de control en sitios clave de entrada y salida de cargas, lo que permitió el incremento de la narcoexportación como nunca antes se había visto.
No hay que olvidar que Giuzzio, irónicamente fue ministro de seguridad de Abdo Benítez y fue destituido por “favores” recibidos, precisamente de uno de los sindicados como mayores narcotraficantes en el Brasil: Marcus Vinícius Espíndola Marqués de Padua.
Los tiempos apuntan a un esquema perfectamente sincronizado con los brazos caídos del gobierno de Abdo Benítez, por un lado; y, por el otro, una estructura delictiva que operaba a su antojo.
El 15 de agosto de 2018, decreto mediante le concede esa autoridad total a Giuzzio para disponer de la Senad. Con esta licencia, el exfiscal desmantela los puestos de control en 2020.
Coincidentemente, al momento que Giuzzio liberaba los puestos de control, principalmente portuarios, la estructura de Sebastián Marset ya había fortalecido una logística y una red operativa formal de fachada y empezaba sus envíos de cocaína a Europa.
Dos años después de que el uruguayo se afincara en Paraguay, el gobierno de Abdo “descuidó” las fronteras.
Si recordamos las fechas subrayadas en las investigaciones de la Fiscalía, institución que, por cierto, se lució con un minucioso trabajo, podemos notar que nada fue casualidad con relación a las operaciones de Marset en Paraguay.
El 8 de abril de 2018, Marset llega por primera vez a Paraguay. Diez días después, el 27 de abril de 2018, tras la victoria electoral de Abdo Benítez, Marset se instala en nuestro país y a partir de allí despliega la logística corporativa para mover el ilícito.
Aparecen empresas productoras de conciertos, de servicio y venta de vehículos y otras pertenecientes a demás socios implicados en el esquema. En mayo de 2020, Giuzzio firma la resolución de retiro de agentes de investigación, canes, etc. de los puertos, quedando así arco libre para la narcoexportación.
En agosto de 2020, el Departamento de Identificaciones de la Policía de Abdo expidió cedulas paraguayas para Gianina García Troche (pareja de Marset), Diego Nicolás Marset (hermano), Mauro García Troche (cuñado) y dos de los hijos menores de edad de Sebastián Marset. Cabe recordar que el 2020 fue el inicio del próspero negocio del envío de drogas desde Paraguay y la Senad prácticamente era informante de los líderes de la estructura, según puede entenderse de los análisis de inteligencia como la investigación fiscal. Se llega al punto de que la propia exministra de la Senad Zully Rolón firmaba convenios contra el lavado de dinero con uno de los implicados en el esquema de Marset.
Todos estos hechos que ofenden la inteligencia son una muestra palpable de cómo guiñaron a los líderes del crimen organizado y merecen ser investigados para que el peso de la ley caiga sobra cada uno de los responsables.
La facilidad que tuvo la estructura Marset para moverse libremente tuvo sus cómplices en el gobierno anterior y deben ser identificados, es la única forma de avanzar en la verdadera lucha contra el negocio de las drogas.

