La “economía de guerra” para el Estado y el “ajuste de cinturo­nes” para los gastos guberna­mentales son dos expresiones que recientemente utilizó el ministro de Economía y Finanzas, Carlos Fernández Valdovinos, para señalar que el Gobierno no hará cualquier pago, excepto aquellos estrictamente necesarios. La frase seña­lada por el secretario de estado forma parte de la reacción política del Gobierno nacional para indicar que se van a gastar mejor los ingresos que se tienen ante las menores recaudaciones que se dan. Lo anunciado por el secretario de Estado es lo más sensato que se puede esperar de una administración estatal que no recibe los ingresos que necesita. Por ello, antes que quejarse y criticar hay que felicitar a los responsables de la economía, pues significa que estamos en manos de gente equilibrada y que cuida la salud del país.

Lo malo hubiera sido que se gastara la misma plata de siempre, sin tener los ingre­sos para ello, lo que significaría aumentar el déficit y empeorar la situación econó­mica, con todo lo que ello implica en mate­ria de perjuicios y daños a la sociedad para­guaya. Se tiene la experiencia sufrida por el país en gobiernos anteriores que erogaban dinero sin tener en cuenta si había plata en la caja, lo que se convirtió en déficits fisca­les increíbles.

Lo expresado por Fernández no permite ningún tipo de interpretación negativa. Aseguró que el plan de ajuste en los gastos del Gobierno se dará ante la menor dispo­nibilidad de dinero debido a la baja de las recaudaciones fiscales y la disminución de los ingresos no tributarios.

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Hay que tener en cuenta que, aparte de la caída por la menor recaudación impo­sitiva, los ingresos provenientes de los entes binacionales, que son grandes apor­tantes, también disminuyeron, especial­mente debido a la baja en la cotización del dólar. No es lo mismo recibir un millón de dólares a 7.500 guaraníes (7.500.000.000 de guaraníes) que un millón de dóla­res al tipo de cambio de 6,500, que hacen 6.500.000.000 de guaraníes, lo que implica 1.000.000.000 de guaraníes menos, es decir, un 13,4 % más bajo.

La medida adoptada por el Gobierno no implica una señal de crisis económica, en el sentido de que la economía está mal. Se trata de una reacción política para refor­zar la disciplina fiscal y ordenar el uso de los recursos públicos. Lo lógico es que, si hay menos plata, se debe tratar de gastar mejor y de manera más ordenada priorizando lo más importante, como hace cualquier buen administrador.

Para entender lo que está pasando es bueno señalar que la economía del país ha tenido un excelente crecimiento en todo el 2025, con un importante aumento en el empleo. Las previsiones para este año son tam­bién positivas porque continuará el buen impulso. Por consiguiente, no hay nada que temer acerca de la suerte de la situación nacional, que continuará de manera favora­ble y en tono positivo.

Por todo ello, es conveniente repetir que el ajuste del gasto afectará solamente al gobierno central, con sus ministerios y secretarías. Y no tendrá incidencia en los entes descentralizados y otras empresas públicas, que tienen sus propios ingresos por los servicios que prestan, cuyo movi­miento en general presenta perspectivas favorables.

Para comprender mejor la realidad actual hay que tener en cuenta que el mundo se está viendo sacudido por hechos lamenta­bles que ponen en riesgo las posibilidades de equilibrio en la economía internacional, además de otras consecuencias nefastas en la vida de las personas. La guerra que se ha generado en el Medio Oriente ya está afec­tando el precio internacional del petróleo y puede repercutir en otros campos sensi­bles, como las exportaciones e importacio­nes de diversos artículos.

Incluso, si se mantiene alta la cotización de los combustibles, puede afectar el costo de producción de la agricultura y la gana­dería, además de su incidencia en los pro­ductos industriales. Si los costos suben, tendrán que aumentar los precios, que con los nuevos niveles pueden hacer menos favorable el movimiento del comercio internacional. Por todo ello es altamente positivo que ante las situaciones imprevis­tas se tomen toda suerte de precauciones y medidas adecuadas para enfrentar las contingencias.

Solo de ese modo se puede garantizar el equi­librio que se necesita en el manejo del dinero público y los intereses de los ciudadanos.

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