Hambre Cero en las Escuelas no es el “programa estrella de Santiago Peña”. El actual presidente de la República es apenas una contingencia en esta estrategia que mejora el aprendizaje y que procede con proyección de política de Estado.
Con esto, no estamos minimizando el protagonismo del Poder Ejecutivo y su equipo implementador de este nuevo proceso dentro del Plan de Alimentación Escolar (PAE), sino que tratamos de demostrar que lo realmente trascedente y necesario es la continuidad del mismo en este nuevo modelo.
Esa es la sustancia de las políticas públicas con sentido de largo alcance. Aquí cabe la hartamente repetida locución: “Los hombres pasan, las instituciones quedan”.
Porque de ese simple razonamiento, pero difícil de aplicar por prácticas tribales que todavía arrastramos, podemos colegir cuándo una asignatura no es solamente una materia a aprobar, sino una herramienta para la vida, utilizando un lenguaje que nos pone a tono con el tema que estamos enfocando.
Esta es una explicación sencilla, comprensible para todos, menos para los que premeditadamente pretenden y promueven mediáticamente el fracaso del programa para perjudicar al adversario, sin pensar en el presente ni el futuro de los niños y jóvenes.
Son, insistimos, los que ambicionan construir liderazgos –superficiales, por cierto– y victorias electorales sobre la destrucción del otro. Y para exponer sus miserables intenciones ni siquiera tienen una alternativa a la gestión que critican. Son los expertos en denostación y los ceros que conspiran contra las unidades en la producción.
El mejor ejemplo de cuanto decimos es el actual precandidato a la Presidencia de la República por el movimiento Colorado Añetete, del exmandatario Mario Abdo Benítez. Nos referimos al expastor evangélico Arnoldo Wiens, quien contribuye a perfeccionar la paráfrasis “A Dios rogando, y con el bolsillo dando”.
Este devaluado cristiano, que se hundió en los mundanales vicios (infamia, calumnia y corrupción) destruyó literalmente –con la anuncia de su entonces jefe, Marito– lo que ellos consideraban “el proyecto estrella de Horacio Cartes: el metrobús”. Había que raer la tierra donde pisó su enemigo político. No importó la cotidiana crisis de quienes viven en el área central y tienen que ingresar diariamente a la capital por razones laborales.
Lo que iba a convertirse en un acceso más rápido, mejorando la calidad de vida de los usuarios de los ómnibus públicos, terminó hecho polvo. Aumentando, de paso, el estrés y el viacrucis de quienes utilizan este medio de transporte y de los que conducen sus vehículos particulares, porque los cuellos de botella cotidianos no hacen distinción alguna y estrangulan a todos por igual.
Es por ello que actualmente Arnoldo Wiens está enfrentando una formal acusación del Ministerio Público, aunque más allá de la carátula de la denuncia, el perjuicio a la ciudadanía en términos de derechos humanos es incalculable en cuanto a gozar de una mejor calidad de vida, acortando los minutos para llegar a destino.
Alguna vez, un jefe de Estado con coraje debería retomar el proyecto, empezando de cero. Los intereses de unos pocos no pueden detener la marcha forzada del progreso y el bienestar. Eso deberían saber quienes gobiernan en representación de la Asociación Nacional Republicana, incluso aquellos que aspiran a postularse. Una enfermedad grave no se cura con aspirinas. Hay que realizar una escisión profunda para extirpar el quiste antes de que haga metástasis. Y nuestro sistema de trasporte hace años se encuentra colapsado. Y sin indicios de solución a corto plazo.
Por eso, nuestra justificada advertencia de las primeras líneas: Hambre Cero en las Escuelas no es un programa estrella de Santiago Peña. Es del Estado.
Y debe continuar en los siguientes gobiernos. Porque sus enemigos políticos y sus aliados mediáticos están tratando de instalar esa acotada visión para que mañana pueda ser desmantelado, tal como ocurrió con el metrobús. Ya anunció el precandidato Wiens que los recursos de Hambre Cero volverán a los municipios, en una propuesta demagógica y populista que solo pretende congraciarse con sus potenciales electores.
Un electorado reducido, por cierto, porque la población en general está conforme con la actual planificación. Los mismos personajes que destruyeron el metrobús, hoy van detrás del programa Hambre Cero, para convertirlo nuevamente en un modelo clientelar, prebendario y asistencialista. Desde el gobierno de Horacio Cartes, el Plan de Alimentación Escolar tiene estatus de política de Estado. Y así debe seguir.

