El tema de la reelección de cara a la actualidad, es decir, en el presente político del país, está enterrado. Las próximas elecciones seguirán ajustadas a la Constitución vigente, ya que no se dio lugar ni a la constituyente ni a la enmienda, únicas vías posibles para cambiar la norma constitucional que prohíbe la reelección presidencial.
Ponerlo de nuevo en la palestra informativa, como si tuviera una mínima posibilidad de vigencia, no es sino un anacronismo, una información del pasado, vendida como vigente, es decir, “pescado podrido” vendido como recién pescado. Es lo que hizo el diario Abc, que cada día tiene más de “color” y menos de información, ya que la única interpretación posible de darle destaque de importancia coyuntural en tapa catástrofe a un tema cuando está perimido solo puede significar que hay un intento de ponerlo en debate, a falta de un debate más crucial y serio con relación a los candidatos y a los programas electorales que es, en materia informativa, lo que debe interesar a la ciudadanía y a los medios de comunicación.
Lo que hay que debatir e informar es quiénes son los candidatos, cuáles sus trayectorias y cuáles sus propuesta para el próximo gobierno. Despistar mirando hacia un debate del pasado ya superado no es informar, sino desinformar.
El debate queda a cargo del futuro. Y no manipulando el pasado.
No hay que olvidar que la campaña contra la reelección de Nicanor Duarte Frutos fue base para buscar una alternativa electoral, para la victoria de la alianza Lugo-PLRA, que dio al final la mayoría a una izquierda minoritaria a causa de la ingenuidad, aunque habría que decir estupidez, de las mayorías políticas opositoras de entonces.
El desenlace del gobierno de la “alianza”, que terminó con el intento de golpe más peligroso que tuvo la transición, cuando el presidente de la República, acompañado de sus ministros y de los cancilleres “bolivarianos”, instaron, en el mismo Palacio de López, a los jefes militares a hacer un fujimorazo y derrocar al Poder Legislativo, que estaba juzgando la inoperancia del Ejecutivo en una matanza de paraguayos por absoluta irresponsabilidad del gobierno.

Todo medio de comunicación tiene el derecho de apoyar una candidatura y, es de rigor, argumentarla con razones y propuestas, y no tergiversarla con manipulaciones, infamias y otras formas de corruptela de la información.

No es casual que en la destacada entrevista presente del pasado, el entrevistado, ex presidente de la Constituyente, Óscar Facundo Insfrán, haga alusión, con título destacado en tapa del diario, a que Cartes debe renunciar a la presidencia si quiere candidatarse a senador. El párrafo va a continuación de una referencia a Duarte Frutos por “violar la Constitución” al ganar las elecciones internas y jurar como presidente de la ANR.
Lamentablemente, no tomó en cuenta, en su diatriba estirada y editada por la grabadora y el grabador, el hecho de que Duarte Frutos fue autorizado por la Corte Suprema a ser senador. Los que violaron la Constitución, ya que es la Corte la que debe dirimir conflictos constitucionales, fueron los senadores que no le permitieron asumir; fallo, en el sentido de error y de horror, que olvida el autoproclamado “director de orquesta de la constituyente”; autoproclamado cuando es de público conocimiento el peso que tuvieron otros juristas, más comprometidos y con muchos más méritos y respetabilidad ganados en la lucha contra la dictadura estronista, quienes asumieron el liderazgo con base en responsabilidades por méritos históricos.
El periodismo debe registrar la historia y no reinventarla. Es la forma en que se puede contribuir a entender los errores del pasado, a analizarlos y corregirlos, y avanzar hacia el futuro.
De cara a las presentes elecciones, que es lo que preocupa a la ciudadanía, para ver cómo incidir con su voto en mejorar la historia del país, instalar la reelección es una forma de atacar candidaturas y apoyar candidaturas, es decir, de sacar el eje central de la discusión sobre trayectorias de los candidatos, antecedentes y programas de gobierno. Y contrastar el discurso de los candidatos con sus trayectorias, en función de gobierno y, en muchos casos, de desgobierno.
Todo medio de comunicación tiene el derecho de apoyar una candidatura y, es de rigor, argumentarla con razones y propuestas, y no tergiversarla con manipulaciones, infamias y otras formas de corruptela de la información.