Uno de los problemas que durante décadas hemos visto reflejados en medios y en estudios realizados por instituciones especializadas y organizaciones civiles fue la deficiente o mala administración de los planes sociales que se han puesto en marcha en diferentes etapas.

Hoy, la situación parece estar cambiando y transitando nuevos caminos. Y lo más valioso es que el análisis positivo sobre el cambio de paradigma en la puesta en marcha de los planes sociales, no viene del gobierno o de cualquier otro sector al que podrían definirse como interesados en mostrar un rostro amable, sino de una alta funcionaria de las Naciones Unidas, en este caso, la relatora especial sobre los Derechos a la Alimentación, Hilal Elver. La profesional destacó en un informe reciente la mejor focalización de los programas sociales emprendidos por el gobierno paraguayo.

La especialista en el tema de planes y programas sociales analizó y estudió los alcances y realidades de los programas sociales implementados a través de la Secretaría de Acción Social (SAS) en coordinación en el programa "Sembrando Oportunidades", en el cual también son involucradas otras instituciones del Estado.

En el caso concreto de Tekoporã, que es el programa de transferencia monetaria que llega a familias y sectores de mayor pobreza y vulnerabilidad, se destaca que la cobertura se ha ampliado, desde el inicio de este período gubernamental, en un 71%, llegando ahora a 141.300 familias, hasta febrero de este año. Esto representa el 45% de la población censada que vive en situación de pobreza en 243 distritos de los diferentes departamentos y hasta en la capital del país, aunque la gran mayoría (el 88%) son familias del área rural.

El informe de la relatora de la ONU, evaluando el alcance y la efectividad de los programas sociales, destaca que no solo se ha ampliado la cobertura de planes, sino que se han desarrollado paralelamente otros, que acompañan con generación de oportunidades, viviendas dignas y proyectos de gestión económica.

La realidad es que se ha aumentado el trabajo conjunto, la posibilidad de llevar adelante planes que realmente se ocupen integralmente del combate a la pobreza en sectores más vulnerables, no solo a través del aporte mensual de una suma de dinero, sino de otros aspectos, como lo hace la SAS a través de Tekoha, otro de los proyectos dirigidos a regularizar los asentamientos y la puesta en marcha de proyectos habitacionales, una asignatura pendiente con los miles de paraguayos que viven en dichos lugares, careciendo de todo apoyo estatal para lograr el sueño de la vivienda digna. También la Secretaría de Acción Social implementó en esos sectores el programa Tenonderã, que apoya e incentiva a las familias en situación de pobreza, la generación de ingresos propios y aprendizaje de tareas que ayudan en ese sentido a formarse integralmente. Tampoco se deja de lado a la alimentación, pilar fundamental del presente y el futuro de esos sectores vulnerables, especialmente en la cobertura de la necesidad alimentaria, a través del programa de Comedores de organizaciones Comunitarias.

La técnica de las Naciones Unidas destacó la aplicación de estos planes, haciendo hincapié en la utilización de criterios especiales para casos que lo ameriten, como los aportes de Tekoporã, que contemplan montos adicionales a familias con componentes que presenten necesidades especiales o discapacidades. También las familias indígenas reciben un aporte y acceden a los programas de seguridad alimentaria.

Ese informe realizado por una experta que no depende del Gobierno ni mucho menos de algún sector político, sumado a la importancia de las tareas desarrolladas desde la Senavitat, con la construcción y la terminación de viviendas que han sido paralizadas en años anteriores, deja la imagen de una nueva manera de hacer, no siempre fácil de llevar a cabo, debido a mezquindades propias de la clase política o de sectores que no buscan el bien común.