Por Laura Morel/@Srta_Lau

Ella prefiere que se diga así, que se destaque por ese lado, el de “una paraguaya”. Su patriotismo la lleva a ponerse en segundo plano ante tamaña hazaña, tamaño reconocimiento de parte de la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol, que lleva décadas premiando a los más grandes futbolistas, entrenadores y árbitros.

En 2017, y por segundo año consecutivo, la IFFHS (por sus siglas en inglés) incluyó a Olga Miranda en el ranking de las mejores árbitras del mundo. Y, por segunda ocasión, la paraguaya ocupó el puesto 10 de la clasificación.

Pero, lejos de vanagloriarse de este acontecimiento histórico, ella resalta que el reconocimiento “no es tanto a nivel personal sino que es más a nivel país. Que digan: ¡Wow, una paraguaya!, y que conozcan el país y sepan también que acá se está trabajando bien. Eso es lo importante”.

“Como siempre digo: no soy yo. Nadie conoce a Miranda, nadie conoce a Olga. Lo que queda es el país, es Paraguay, ¡una paraguaya!, y eso es lo importante. Es lindo escuchar eso. Ojalá que hayan más oportunidades y que en algún momento seamos más mujeres paraguayas o más sudamericanas que estemos en esa lista”, agrega.

Así es Olga, la árbitra de 35 años que en 2004 comenzó su carrera dentro de esta profesión que considera “bastante ingrata”, porque “nadie quiere al árbitro”. En 2012, sus buenas actuaciones le permitieron ganarse la insignia FIFA, que la distingue como árbitra internacional, precisamente el año en el que una tragedia familiar casi la llevó a abandonar el arbitraje.

La pérdida de su pequeña hija, sus dos hermanos y una prima (fallecieron en un accidente de tránsito) la hicieron dudar, pero finalmente la llevaron a entregarse de lleno al arbitraje, con ambiciones colectivas más que personales, objetivos a corto plazo y la filosofía de aquellos que prefieren que la vida los sorprenda.

Por eso es que “el año pasado, cuando salió el ranking dije ¡wow! Ni sabía... o sea, nunca estuve pendiente de esas cosas”. “Entonces me dije: ¡A la pucha! Alguien me conoce aparte de mi mamá”, agrega sonriendo, recordando que en Paraguay “el fútbol femenino no es todavía tan competitivo ni tan difundido, por más que va creciendo” y, si a nivel de selección se trata, “cuando participamos en los mundiales somos las primeras eliminadas”.

“Entonces, que Paraguay esté ahí, donde no está Argentina, no está Brasil, países en donde el fútbol femenino está mucho más desarrollado, me lleva a decir que algo habré hecho bien en algún momento que habrán visto”, agrega quien en 2016 ingresó al ranking tras su participación en los Juegos Olímpicos de Río, donde dirigió dos partidos. Un año antes, había integrado el cuarteto arbitral de la Conmebol en el Mundial de Canadá.

No le quita el sueño

En la clasificación del 2015, la uruguaya Claudia Umpierrez fue la única representante del arbitraje sudamericano. Había dirigido varios partidos en el Mundial de Canadá, y ello le valió ingresar al ranking de la IFFHS.

Hasta que en 2016 irrumpió Olga Miranda, desplazándola al undécimo puesto, ocupando su lugar y convirtiéndose en la única representante de la Conmebol dentro del Top Ten Mundial de los últimos dos años. Un Top Ten que está dominado por las árbitras de Europa.

¿Qué se viene para el 2018? ¿Buscar tal vez el Top 5? Miranda no se fija esa meta porque “siempre” piensa “a corto plazo”. “No me quita el sueño estar ahí, para mí es un desafío diario”, destaca quien piensa más en “entrenar para pasar la prueba física, prepararme más en la parte técnica, porque cada partido es un desafío”.

Aún así, no puede negar “que hay un objetivo a largo plazo. Ahora por ejemplo, que estoy en el proceso para Francia 2019 (Mundial de mayores), hay un objetivo, un esquema de trabajo que realizamos con FIFA”. “Pero es como que me dejo sorprender con esas cosas. Mi preparación es igual como para estar entre las diez o... una quiere seguir escalando. Esta, por ejemplo, es la primera vez que digo: Estoy entre las diez, ojalá pudiera estar en algún momento más arriba. Pero no depende solo de mí, sino también de la gente que realiza las estadísticas”, agrega.

Es que Olga Miranda es consciente que “hoy puedo hacer un excelente partido, como en los Juegos Olímpicos donde hice dos excelentes partidos, y en 2018 voy a uno de los torneos y perjudico al mejor equipo”. “Entonces, este año puedo estar y el próximo no sé, porque no hice bien las cosas o simplemente ya no les gustó mi trabajo y quedo fuera del ranking”, agrega quien dirige cada partido “como una final, porque es un desafío para mí”.

Miranda dirige cada partido como si fuera una final, vive el día a día dentro y fuera de la cancha. Foto: Laura Morel.
Miranda dirige cada partido como si fuera una final, vive el día a día dentro y fuera de la cancha. Foto: Laura Morel.

El plus (negativo) de ser mujer

Y parte de ese desafío es que los errores, que muchas veces no se pueden evitar, “sean mínimos”, porque además del hecho de acabar perjudicando a un equipo, debe lidiar con las duras críticas del público, los dirigentes y entrenadores. Situación que se multiplica por el hecho de ser mujer.

“Siempre hay un plus por ser mujer, pero creo que la discriminación al arbitraje, que es una profesión bastante ingrata, es a nivel general. Es como que nadie quiere al árbitro y a alguien tenés que culpar. Si tu equipo perdió, tenés que culparle a alguien. También puede ser que a veces cometemos errores que influyen en los resultados, y eso fomenta más al desprecio que nos tienen”, explica quien prefiere responsabilizar de las crudas reacciones al fanatismo.

“Es más por la sangre que tenemos, que vivimos intensamente cada partido, sentimos y somos fanáticos. Y cuando uno es fanático ya no ve, no razona, no hay lógica, uno va por lo que quiere y ya está. Es así y quiero creer que es así”, explica, aunque no puede dejar de recordar que “a algunas compañeras intentaron agredir o les rayaron el vehículo, le pintaron la rueda...”

“Por eso es muy importante la preparación, el conocimiento y la capacidad que una tenga porque podes escuchar de todo, pero ir a casa con la tranquilidad de que hiciste bien el trabajo, de que cobraste bien un penal o expulsaste bien a una jugadora, eso no tiene precio”, considera, agregando que de ocurrir lo contrario, ir “con duda” por haber perjudicado quizás a un equipo y recibir todo tipo de “ataque” de la gente, “te hunde”.

Allí es donde entra a ayudar “la fortaleza mental y, sobre todo, el apoyo de la familia”, porque si bien el arbitraje femenino aún no está expuesto como el masculino, cuyos partidos son analizados en televisión, “la presión es muy grande también”, porque “las mujeres somos muy crueles con las de nuestro mismo género”.

“Escucho en las graderías por ejemplo: ¡quedate a cocinar! Me doy vuelta y es una mujer la que me está gritando. Increíblemente, a veces escuchás que la misma mujer está diciendo ’no son para el fútbol, que vengan los hombres’, o el mismo técnico dice que las mujeres no están para el fútbol. Y yo les digo: ¡Hey, estás dirigiendo fútbol femenino!”, comenta Miranda solo para demostrar que en el fútbol femenino el escrache es a veces mucho mayor.

Mirando al fútbol masculino

Olga Miranda, la árbitra internacional que vive el día a día, que se deja sorprender y trabaja para ser mejor en el siguiente partido, no escapa al sueño que quizás tienen todas sus colegas: dirigir un partido del fútbol masculino, en Primera División.

“De querer, una siempre quiere. Ve que ocurre en otros países y dice ¡wow!, pero en mi caso queda ahí. Creo que va a llegar el momento y la oportunidad. Lo importante es ir trabajando, preparándose, porque el fútbol masculino es más competitivo que el femenino, aunque la preparación que recibimos tanto de FIFA como a nivel nacional es la misma que la de los varones”, comenta.

Pero si hoy la llamaran para dirigir en Primera, ella no tiene dudas: “Me siento capacitada y se que mis compañeras también lo están”. “Pero ya llegará el momento”, insiste, recordando que dirigir varios partidos de la categoría Sub 19 del fútbol masculino ya la hace feliz “porque es más competitivo, es prácticamente parecido al nivel de un mundial femenino y una necesita de ese ritmo de partidos como para ir a torneos internacionales”.

Mientras las oportunidades llegan, la sorprenden, ella prefiere “disfrutar del momento” que hoy la tiene como una de las diez mejores árbitras del mundo y “no forzar las cosas”. “Cualquiera de nosotras puede ser la pionera, pero lo importante es que la que primera mujer que dirija va a se la que abra o cierre las puertas para las demás”, recalca, insistiendo en que su vida está diseñada para ir “pasito a pasito, disfrutando de las cosas, del momento”.

“Prefiero que me sorprendan, así como ahora, que esta noticia apareció en un buen momento, porque estaba pasando por un problema familiar complicado. Definitivamente, la vida me golpea y me levanta, me golpea y me levanta, y el arbitraje va a seguir formando parte de eso”, sentencia una mujer a quien la vida ha sabido premiar y fortalecer a través del deporte, a través del arbitraje.