Olimpia se quedó con el último superclásico del año y se volvió a subir en el vagón de los candidatos al título. La victoria decana ante el archirrival, estuvo marcada por situaciones específicas, desde la inocencia azulgrana para no liquidar al Franjeado, hasta la movida de piezas de los entrenadores.

Si hay que numerar los factores decisivos de la remontada decana, se puede hacerlo en tres hechos claves.

CERRO, PERDONAVIDAS. El Ciclón pudo haber cerrado la persinada del superclásico en el primer tiempo, pero pecó de inocente y le dio vida a Olimpia. Tras el gol de Diego Churín, el equipo de Leonel Álvarez tuvo como mínimo tres a cuatro situaciones en contragolpes muy claros y con superioridad numérica. Tanto Jorge Rojas como Josué Colmán, prefirieron el lucimiento personal antes que el bien colectivo.

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LA VUELTA DEL “MAGO”. Con el ingreso de William Mendieta, Olimpia agarró confianza absoluta, ya que el “10” se mostró, pidió, jugó e hizo jugar al resto de los compañeros. Le dio compañía por fin a Néstor Camacho, quien antes no sabía con quién asociarse. Su ingreso además le trabajó psicológicamente a Cerro, que ya fue más temeroso, pero aún así, nunca encontró la manera de frenar a Mendieta. Todo eso se reflejó en las innumerables faltas hechas por Rodrigo Rojas sobre el talentoso franjeado. El capitán azulgrana le perdió la paciencia, cayó en impotencia y siempre fue directo a la falta.

ALDO SE JUGÓ Y LEONEL... Los entrenadores tuvieron un papel fundamental y determinante en el resultado final del superclásico. Aldo Bobadilla fue consciente que su equipo no existió en el primer tiempo y debía arriesgarse. Se jugó por William Mendieta, cambió la figura táctica del medio y armó un rombo, con tres volantes internos y el “Willy” flotando sobre ellos. La clave estuvo ahí, ya que el diez se metió en el espacio que quedaba entre Aguilar-Rojas y la defensa azulgrana, que se quedó mucho en la cueva.

Carlos Juri

La jugada fue arriesgada por parte del DT, ya que si el hombre del clásico no estaba enchufado como venía pasando, podría haber consecuencias muy negativas. Ortigoza es frágil en la marca al igual que Torres, y aunque Burgos siempre se multiplica, iba a ser imposible cubrir el todo el medio, cuando su tarea ya era el de ser interior por derecha. Olimpia le sacó la pelota y le ganó a Cerro en actitud en la complementaria.

Leonel Álvarez volvió a sus males de hace un tiempo. Si bien esta vez mantuvo a sus dos puntas, tras el empate, en lo único que pensó, fue en no perder. Prefirió a Óscar Ruiz primeramente y luego a Willian Candia, que a Cristian Insaurralde, el hombre más desequilibrante que tiene el Ciclón.

Mantuvo la línea de cuatro en el medio, pero improvisando esta vez. Candia, quien siempre ha sido un mediocampista interno, fungió de extremo por izquierda, por donde justamente perdió el balón, que luego terminó en el segundo gol franjeado.


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