• Marcelo Pedroza
  • Doctor en Psicología y Magíster en Educación
  • mpedroza20@hotmail.com

El alma ocupa una posición intermedia entre las realidades inteligibles y el mundo corporal, según Jámblico de Calcis (245-325), filósofo griego neoplatónico y también identificado como neopitagórico. Discípulo de Porfirio, en Roma. Despúes de eso, dirigió la escuela que fundó en Siria.

El desarrollo de las actividades sensibles permite las posibilidades de perfeccionamiento, dado que las condiciones concretas se manifiestan en su existencia encarnada. De manera que, la relación entre el alma y el cuerpo, implica una participación efectiva en el orden del devenir, donde existen cambios, pasiones y condiciones que afectan la vida del ser humano.

Existen fragmentos de su tratado titulado Sobre el alma, una parte de ellos fue transmitida por Juan Estobeo, escritor, editor y doxógrafo griego, en su Antología. De su legado se extrae que el alma es un principio de vida y actividad.

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Distinguiendo entre aquello que el alma es, las capacidades que posee y las actividades mediante las cuales esas capacidades se manifiestan. Esa distinción propicia la comprensión de su complejo funcionamiento.

El conocimiento puede comprenderse como una acción de la realidad. El intelecto representa un orden superior dentro de la concepción del neoplatonismo.

Aunque Jámblico expone que no se debe atribuir que una parte suprema permanezca ajena al alma en su descenso al mundo corporal.

Entonces, si el alma ocupa una posición intermedia entre distintos niveles de la realidad, su perfeccionamiento implica una transformación de su relación con ellos, concediéndole una condición encarnada y su vínculo a las facultades superiores, otorgándole al ser la participación en plenitud para su crecimiento.

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