- Victor Pavón (*)
Cuando John Maynard Keynes publicó su libro “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” en el año 1936, su obra propuso una solución a la caída de la economía. La recesión, decía Keynes, ocurre por la insuficiencia de la demanda agregada o lo que es lo mismo el gasto del gobierno y del sector privado dado que el libre mercado tenía fallos que sólo el Estado puede resolver.
El Estado, por ende, debe intervenir aumentando el gasto público o aplicando políticas fiscales expansivas inyectando dinero en la economía. El intervencionismo estatal al incrementar sus gastos genera un efecto en cadena y así se incrementan – creía Keynes- los ingresos y el consumo privado. Además de la política fiscal, Keynes afirmaba que la política monetaria debía modificar las tasas de interés para abaratar el crédito y estimular la inversión privada.
Esta propuesta desde luego fue muy bien recibida por políticos y burócratas que encontraron así una razón “científica” que les justificó disponer de multimillonarias sumas de dinero para estimular la economía.
Sin embargo, la demanda agregada keynesiana es la puerta de entrada de la tecnocracia. Requiere del dinero de la población por parte de los tecnócratas para generar aquella “demanda agregada”, cuestión que tiene un error que el mismo Keynes pasó por alto porque no entendió una ley económica estudiada mucho antes que ya le advertía de su error.
M refiero a un principio económico elaborado por el economista francés Jean Baptiste Say ( Lyon, 1767-1832). Este notable pensador se ganó reconocimiento mundial motivo por el cual hasta hoy se estudia su conocida Ley de los mercados o simplemente Ley de Say; la oferta crea su propia demanda.
Esto significa que en la economía existe una relación de causalidad por el cual antes de demandar bienes y servicios tienen que producirse; los ingresos sirven para obtener lo deseado. Ello no significa que si se produce algo de por sí se encontrará quien lo consuma (demanda).
Significa que hay un proceso que el mercado genera mediante la identificación de gustos y necesidades enviando señales a los productores para crear bienes y servicios en un ambiente de competencia.
Hasta hoy los neo keynesianos, la escuela de ideas dominante a la fecha aplicado desde los gobiernos, desconsidera esta sencilla ley de los mercados o ley de Say. Los neo keynesianos ejecutando su teoría originan recesión, auges artificiales, desempleo y desinversión en permanentes ciclos económicos que estimulan el gigantismo del Estado Leviatán.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

