• Dr. José Duarte Penayo
  • Presidente de ANEAES
  • Filósofo

Las elecciones municipales del domingo pasado dejaron un resultado que merece una lectura bastante más detenida de la que hasta ahora ha recibido.

El Partido Colorado ganó 187 de los 263 municipios del país, reunió 1.516.693 votos para intendentes, equivalentes al 52,9 % de los votos emitidos, y aumentó en veinticuatro el número de intendencias conquistadas respecto de 2021.

Recuperó cincuenta y dos municipios que estaban en manos de otras fuerzas políticas, treinta y tres de ellos del PLRA. Los números confirman una victoria contundente, que consolida a la ANR como la principal fuerza electoral del Paraguay y como el único partido con una organización verdaderamente nacional.

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Sin embargo, el clima político posterior a las elecciones estuvo marcado por la derrota colorada en Asunción, cuyo peso simbólico terminó por diluir un importante éxito electoral a nivel nacional.

Por eso, es llamativo que, ante semejante resultado, no haya aparecido siquiera un vocero político capaz de explicar el crecimiento electoral de la ANR, con el fin de poner en perspectiva el aumento en la cantidad de votos y ofrecer una interpretación política que reconozca el gran trabajo de sus dirigentes y eleve la moral de los mismos.

Por supuesto que la derrota en Asunción constituye un golpe político importante, y sería absurdo pretender disimularlo detrás de los resultados del interior del país. Pero también corresponde preguntarse por qué una organización capaz de conquistar 187 gobiernos municipales carece de una voz que pueda explicar el significado nacional de dicho resultado.

Por otra parte, otro elemento de estas elecciones es el profundo retroceso del PLRA, que con apenas 34 intendencias y 504.644 votos atraviesa un momento crítico de su historia. Su declive plantea interrogantes sobre el futuro del sistema de partidos nacido en 1887, si consideramos que el liberalismo nunca recuperó la posición que ocupó durante su hegemonía entre 1904 y 1940 y, desde el retorno de la democracia, acumuló sucesivas derrotas presidenciales con Domingo Laíno y Efraín Alegre.

Sus mayores éxitos llegaron como estructura electoral de mediano porte, a disposición para acompañar figuras ajenas a su organización, desde Fernando Lugo hasta Soledad Núñez.

Ahora bien, la debilidad del PLRA y la cantidad de municipios ganados por la ANR no debería llevar a confundir el formidable despliegue territorial del coloradismo con una garantía anticipada de victoria en las elecciones generales de 2028.

Las municipales obedecen a una lógica política distinta de las presidenciales. En las primeras pesan los liderazgos locales, las relaciones personales, el conocimiento de los candidatos y los intereses vinculados con la vida cotidiana de cada comunidad.

En las segundas, el elector se pronuncia sobre el rumbo del país, la gestión del gobierno, las expectativas económicas y la figura de quien aspira a conducir la República. Por eso, sumar los votos obtenidos por cientos de candidatos municipales y proyectarlos sobre una candidatura presidencial constituye un ejercicio de escaso valor político porque es, lisa y llanamente, un razonamiento inválido.

La prueba más reciente de esta falacia la encontramos, justamente, en los resultados del domingo pasado en Asunción, donde la lista colorada para la Junta Municipal obtuvo más votos que el candidato de la ANR a intendente e incluso que la candidata opositora que terminó ganando. Muchos electores acompañaron al Partido Colorado en la elección de concejales y rechazaron a su candidato para la Intendencia.

Los votos pertenecen a los ciudadanos, y ninguna organización puede disponer de ellos como si fueran patrimonio propio.

Las 187 intendencias representan también 187 centros de poder político, con sus respectivos liderazgos, intereses y aspiraciones. La fortaleza histórica de la ANR reside precisamente en esa extensa comunidad política que mantiene vínculos permanentes con la sociedad, mucho antes y mucho después de cada elección.

Sin embargo, esa estructura necesita una conducción capaz de articular sus diferentes expresiones alrededor de una propuesta nacional. Y aquí aparece una de las grandes preguntas que dejan las municipales: ¿qué tipo de liderazgo presidencial necesita el Partido Colorado para 2028? ¿Quién estará en condiciones de interpretar las expectativas de esta inmensa organización territorial y, al mismo tiempo, convocar a los ciudadanos que no participan de la vida partidaria? ¿Qué figura podrá reunir legitimidad interna, capacidad de conducción y una propuesta atractiva para una mayoría nacional?

Son preguntas que merecen una discusión mucho más seria que la habitual especulación sobre nombres propios, discusión irrelevante para una disputa presidencial y que solo interesa a la “mesa chica” del poder.

En ese sentido, conviene salir de la alternativa fácil ente outsiders y los políticos tradicionales que empobrece el debate sobre un partido que debe proyectarse a largo plazo. Es necesario un perfil competitivo que conozca profundamente su organización partidaria, que tenga capacidad de convocar a su núcleo de afiliados con escasa adherencia política y, sobre todo, que pueda ofrecer al país un proyecto nacional con prioridades claras y políticas públicas consistentes.

Después de casi veinticinco años de crecimiento económico y profundas transformaciones sociales, las expectativas de los paraguayos exigen respuestas que difícilmente puedan encontrarse en simples encuestas o en los acuerdos de cúpulas.

La ANR tiene por delante el desafío de interpretar esa nueva realidad nacional, garantizar una interna vibrante y encontrar un proyecto atractivo para una sociedad que tiene demandas legítimas y espera respuestas claras para las próximas décadas.

Etiquetas: #Futuro#ANR

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