- Jorge Torres Romero
Ante una ola de rumores alimentada por intereses empresariales y políticos, durante semanas se tejieron todo tipo de especulaciones alrededor de un banco en particular. No parece casual: algunos de los que antes se repartían en un grupo de Whatsapp el manejo del dinero del IPS hoy parecen desesperados por recuperar aquel pastel.
La diferencia es que ese pastel se dividió y, según las autoridades, el IPS obtiene hoy mejores rendimientos por sus colocaciones: USD 300 millones más en favor del IPS.
Frente al ruido, senadores oficialistas pidieron informes. Y la institución que tiene competencia legal para supervisar el sistema financiero y despejar dudas, el Banco Central del Paraguay, respondió oficialmente.
A partir de allí, la discusión debería sostenerse sobre documentos y datos, no sobre filtraciones, versiones interesadas o informes cuya validez institucional está cuestionada. El denominado “informe Rivarola”, por ejemplo, fue presentado cuando su autor ya había dejado de pertenecer a la institución, circunstancia que obliga, como mínimo, a diferenciarlo de una posición oficial del BCP.
Pero la historia seguramente continuará porque el objetivo político parece ir mucho más allá de un banco. Se busca vincular al presidente Santiago Peña, erosionar al gobierno y golpear electoralmente a la ANR. Y para algunos sectores, aparentemente, el costo que pueda pagar la confianza en el sistema financiero resulta secundario. Simplemente, no les calienta.
La oposición tiene todo el derecho de investigar, cuestionar y denunciar. La prensa también. Pero existe una enorme distancia entre controlar al poder y sembrar desconfianza sobre el sistema financiero sin pruebas concluyentes, solo hipótesis y escenarios catastróficos.
El BCP ya habló institucionalmente. Si aparecen nuevas evidencias, deberán investigarse. Mientras tanto, los hechos deben pesar más que los rumores.
Porque una cosa es la disputa política. Otra, mucho más peligrosa, es convertirla en irresponsabilidad financiera, y que raya el terrorismo. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

