- Por Benjamín Livieres
- Analista político
Nuestros políticos y no pocos analistas son verdaderos expertos en crear –o copiar– frases grandilocuentes, a veces cargadas de dramatismo, pero que no tienen asidero en la realidad ni efectos prácticos sobre ella. Por ejemplo, que “sin 2026 no habrá 2028”, que Asunción sería “la madre de todas las batallas” o que “será un plebiscito a la gestión de Peña”, para quien los opositores piden “voto castigo”. Y en medio de tanta retórica hueca, se pierde de perspectiva el tema principal: ¿qué se define en estas elecciones del domingo próximo?
Nadie podría explicar de dónde sale eso de que, si no se supera exitosamente una elección municipal, las presidenciales venideras ya están perdidas. La experiencia acumulada en estas 3 décadas y más de democracia atestiguan que las municipales tienen una lógica y dinámica propias, muy distintas a las de una elección para presidente, congresistas y gobernadores. En estas no se discute ni tiene incidencia en la administración central de la República. Se discuten los problemas específicos de las comunidades, la mayoría de las veces ultra elementales, y estas designan a referentes locales que representan alguna esperanza de que los resuelvan.
Mal podría una elección de esta naturaleza considerarse un plebiscito a una gestión que no fue objeto de debate, ni tampoco marcar el rumbo hacia las generales del 2028, salvo, claro está, que se produjera algún terremoto político que genere un cambio notorio en el reparto de la administración de los municipios, 163 de los cuales hoy son gobernados por la ANR y 100 por la oposición, casi la totalidad de signo liberal.
En el caso de Asunción, si bien es una plaza electoral importante, por reunir la mayor cantidad de electores, sostener que la pugna del domingo es “la madre de todas las batallas”, entendida esta como algo determinante hacia el futuro, es un perfecto despropósito.
Primero, porque la ventaja de Camilo Pérez sobre Soledad Núñez es muy amplia, es decir, que no se avizora una “gran batalla” ni nada que se le parezca. Y segundo, porque nunca fue así. En 1996 ganó el PLRA, con Martín Burt, y dos años después perdió Laíno, por paliza, frente a Cubas. En 2006 ganó Evanhy de Gallegos, con más del 50 % de los votos, y en el 2008 arrasó Fernando Lugo. En 2015 ganó Mario Ferreiro y en las generales posteriores se impuso Mario Abdo Benítez.
En consecuencia, si no es un plebiscito a Peña, como vanamente quiso instalar la oposición llamando al voto castigo, si ninguna fuerza política quedará fuera de carrera rumbo al 2028, ni ciudad alguna será escenario de “la madre de todas las batallas”, ¿qué se define entonces este 4 de octubre?”
Además de 263 intendentes y 2.832 concejales (lo obvio a veces merece ser señalado), estas votaciones sí podríamos considerar como un plebiscito, pero no al gobierno sino a los partidos políticos, que medirán fuerza entre ellos y tendrán impacto en sus respectivas internas.
La ANR, tal como venimos afirmando, tiene altas probabilidades de aumentar la cantidad de municipios bajo su administración y eso consolidará aún más la hegemonía de Honor Colorado y el liderazgo de Horacio Cartes, en detrimento de la segunda fuerza política del país, el PLRA, que posiblemente pierda algunos de los distritos que controla en Central y en otros Departamentos.
La oposición, sin embargo, puede estar tranquila. En tanto exista democracia, al 2026 le sobrevendrán el 2028, el 2033, el 2038 y… así sucesivamente.

