• Víctor Pavón (*)

Considero prioritario desmitificar al Estado como caritativo y compasivo, que puede dar dinero y distribuir bienes por su carácter supuestamente compasivo que ninguna persona, iglesia u otra organización podría llevar a cabo y mejor. Esta falsa creencia ha calado hondo y llega a nuestros días.

Los pueblos anglosajones, sin embargo, desde antaño tuvieron la dicha de intuir que el poder coercitivo estatal no era una solución, fue y sigue siendo un problema. Si vamos a la Carta Magna Inglesa de 1215 encontramos la obsesión por limitar al poder. Debo mencionar a la muchas veces olvidada Holanda ( Países Bajos), lugar donde se consolidó una tradición cultural consuetudinaria, no escrita en su inicio: sin propiedad privada no hay justicia.

Esta idea se expandió evolutivamente desde la experiencia. Sin embargo, tenemos que ir más atrás en el tiempo para encontrar este precioso origen. La libertad y la propiedad encuentran su explicación en la Biblia. En Deuteronomio 19:14 se defiende la familia y la herencia. En Éxodo 22:5 encontramos que si alguien daña la propiedad de otro tiene la obligación moral y legal de pagar e indemnizar.

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Esta tradición se trasladó de generación en generación. La familia, la propiedad, la libertad, la cooperación, el trabajo duro, el esfuerzo y creatividad para conseguir alimentos y sustento fueron vitales para hacer de Occidente una gloriosa civilización.

Esta antigua tradición no fue hecha para los débiles de carácter, fue hecha para personas valientes, para “más que vendedores”. Enfrentando las dificultades se fortalece nuestro espíritu. El apóstol Pablo en Romanos 8:37 lo dijo mejor: “Antes bien, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó”. Esto es, vamos a tener problemas, tribulaciones, pero si persistimos grande será nuestro premio.

Infelizmente, una parte de la raza humana cometió un error aliándose con su peor enemigo, el Leviatán del Estado, el lobo vestido de oveja. El Estado compasivo y caritativo con los pobres hizo de la asistencia estatal una industria de burócratas, políticos y proveedores fomentando la dependencia.

Muy diferente es la asistencia de las iglesias, organizaciones de socorro y otros donde la acción voluntaria y cooperativa tiende su mano al indigente promoviendo el valor de la familia para así dar cumplimiento al Evangelio: “Más bien, cuando des a los necesitados que no se enteré tu mano izquierda de lo que hace la derecha”. La tradición judeo cristiana desmitifica al Estado.

(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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