• Emilio Agüero Esgaib
  • Pastor

Participé de un panel sobre la inteligencia artificial (IA) y la ética, valores y fe basadas en la primera encíclica papal de León XIV Magníficat Humanitas y la Biblia.

Me gustaría compartir algunas de las preguntas hechas que me parecieron muy interesantes y aliento a profundizar con este extenso, desafiante y controversial tema de las IA y los desafíos éticos que plantea su uso.

¿Qué riesgos éticos y humanos deberíamos de mirar con atención a la IA? El papa resalta que el peligro real no radica en el avance tecnológico por sí mismo, sino en el “síndrome de Babel”: la tentación idólatra de creer que el misterio de la persona humana puede reducirse por completo a datos, rendimiento y cálculo matemático.

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La inteligencia artificial no es neutral. Todo algoritmo es diseñado por corporaciones con visiones de mundo específicas e intereses económicos concretos. El documento alerta sobre el riesgo de un “tecnofascismo” o concentración de poder: si permitimos que unas pocas empresas transnacionales monopo

licen el desarrollo de la IA, serán ellas quienes, de manera invisible, impongan su propia visión moral y sus criterios de exclusión al resto del planeta.

Ya empezamos a ver personas que consultan a la IA para tomar decisiones personales, emocionales, e incluso trascendentes ¿qué riesgos existen cuando dejamos de verla como una herramienta y comenzamos a otorgarle una autoridad que antes correspondían a nuestra conciencia a otras personas o incluso a nuestra fe?

Cuando dejamos de ver a la inteligencia artificial como un software y empezamos a tratarla como un oráculo para el alma, cruzamos una línea ética y espiritual sumamente peligrosa. Al otorgarle la autoridad que le corresponde a nuestra conciencia, a nuestra comunidad o a nuestra fe, caemos en lo que la teología llama una sustitución de la soberanía interior.

Desde una perspectiva profundamente humana, ética y respaldada por la sabiduría de las Escrituras, este fenómeno presenta algunos riesgos existenciales devastadores:

1. La tentación de la Idolatría Tecnológica (Buscar respuestas vivas en lo muerto): el mayor peligro espiritual es el de la idolatría: depositar nuestra confianza absoluta y buscar dirección existencial en algo creado por manos humanas, en lugar de buscar al Creador o asumir nuestra propia responsabilidad.

2. El eclipse de la Conciencia y la atrofia del Discernimiento: la conciencia es el santuario íntimo donde el ser humano se encuentra consigo mismo y con la voz de Dios. Discernir no es elegir la opción estadísticamente más probable o eficiente; es un acto doloroso y maduro de libertad que requiere sopesar el amor, el sacrificio y las consecuencias morales.

Si delegamos las decisiones trascendentes a una IA porque “ella calcula mejor”, nuestra conciencia se atrofia por desuso. Nos convertimos en menores de edad espirituales. En resumen, nuestra guía existencial a la inteligencia artificial es una renuncia a la libertad que Dios nos otorgó con tanta dignidad.

¿Por qué hablar de fe, valores humanos y ética en la IA? Hablar de fe, valores humanos y ética en la era de la inteligencia artificial no es un ejercicio de misticismo ni un intento de frenar el progreso técnico. Es, en realidad, la conversación más pragmática, urgente y vital del siglo XXI.

La IA es la primera tecnología en la historia de la humanidad capaz de tomar decisiones de forma autónoma y de crear símbolos y relatos que alteran nuestra cultura. Frente a un poder tan inmenso, la técnica nos dice lo que se puede hacer, pero solo la ética, la fe y los valores nos dicen lo que se debe hacer.

Etiquetas: #IA#valores

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