- Por Aníbal Saucedo Rodas
El rumor sustituyó a la noticia. Aunque algunos sostienen que, en realidad, la anticipa. Sería como el estruendo que anuncia la riada. Pero, en la mayoría de los casos, termina por disiparse sin ninguna consecuencia para quienes lo crearon y esparcieron como si fuera una verdad subterránea que no tardaría en romper sus capas protectoras para emerger a la superficie. Sin embargo, jamás vio la luz del sol, salvo en la iluminada mente de los que han perdido la seriedad a la hora de declarar (políticos) o informar (periodistas). El cotilleo, como mínimo, suele tener dos clasificaciones: el que surge de los más arrebatados infundios sin ningún sustento en la realidad, producto de alguna mente ociosa o deliberadamente manipuladora, y el que parte de un hecho concreto, pero al que le agregan antojadizas especulaciones o inventados sucesos, en el enfermizo afán de tener la “precisa”. Entonces entramos en el resbaladizo terreno de las “fuentes de primera mano” (el famoso “garganta profunda”), generalmente atribuidas al entorno, que rompen el pacto de la fidelidad (siempre supuestamente), desatando la imaginación más calenturienta de quien aparece como el receptor de los chismes (si es que hubo un emisor) para completar la novela desde su particular punto de vista. Sospecho que ciertos personajes deslizan algunos bulos con el simple propósito de divertirse.
Y si el rumor sustituyó a la noticia, el conventilleo desplazó al análisis. Solo hay que disparar. Total, opinar es gratis. Hasta ahora. Así que las referencias para establecer relaciones entre los hechos, una vez que el todo sea diseccionado, ya no son Aristóteles, Carl Schmitt, Antonio Gramsci, Ana Arendt, Giaovanni Sartori, Norberto Bobbio y otros buches de las ciencias políticas, sino Luis Aníbal Schupp y citas de Juan Gabriel. Incluso aquellos habitualmente convocados para exponer sus criterios y juicios valorativos sobre la realidad han caído en el desmadre del insustancial comentario o la oscuridad expresiva del galimatías. En un rinconcito guardo a mis amigos –no por ser amigos– o respetados conocidos que no han perdido la compostura para hilar fino y parecer inteligentes, porque, de hecho, lo son. Asumen el sabio consejo socrático “solo sé que no sé nada” para asistir al alumbramiento o parto del conocimiento que nos aproxime a la verdad. Y, finalmente, están los programas de televisión cuyos conductores reclaman para sí mismos la rigurosidad del debate, pero que no pudieron resistir a las extorsiones del rating.
Un discurso del presidente de la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional Republicana, Horacio Cartes, en la sala de sesiones del local partidario, reafirmando que “su” precandidato a la vicepresidencia de la República, para acompañar a Pedro Alliana, es Juan Carlos Baruja, tensó el ambiente al interior del movimiento Honor Colorado fundado y liderado por el exmandatario. Decimos “reafirmando” porque ya lo había insinuado semanas atrás durante un acto público. Al parecer existe un acuerdo de que tal anuncio se haría después de los comicios municipales del domingo 4 de octubre. Los que salieron con ánimo de reivindicar aquel pacto como un elemento de cohesión de cara a estas elecciones terminaron por agrandar el agujero. Olvidando, de paso, que el movimiento no es el partido. Falta de oficio o falta de templanza. La política de los paños fríos y de las palabras precisas es un arte mayor. Difícil de dominar. El otro aspirante confeso para acompañar a Alliana es el actual presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Latorre. Y un tercero que no recuerdo. Por ahí también soltaron la especie de un outsider, Marco Riquelme, ministro de Industria y Comercio. Desciende, eso sí, de un dirigente histórico del coloradismo, autor de una frase que ya ha pasado a la posteridad: “No es bueno lo que tenemos, pero es peor no tener”. Lo dijo en guaraní.
Horacio Cartes tiene una manera muy particular de comunicar, aunque no sea de su exclusividad. Se ratifica, refuta o responde desde reuniones partidarias, pequeñas o grandes. Ese es su espacio para las declaraciones. Por eso no entra al juego constante de los dimes y diretes, del truco y retruco. La experiencia le enseñó a morder el freno y esperar. Así lo ha demostrado en los últimos tiempos. Y hablando de esperar, a partir del lunes 5 de octubre podrían aparecer nuevos convocados para el papel de Robin de Alliana. “Hay que conspirar en número impar y tres ya es demasiado”, diría Enriquito Riera recordando a Epifanio Méndez Fleitas. No hace mucho, la Asociación de Jinetes Republicanos “Marca a la derecha” ya había añadido el nombre de don Pelagio Redomón para el disputado cargo. Los intermediarios de oficio ofrecerán, seguramente, soluciones salomónicas, recogiendo la inmortal sentencia del ínclito pensador criollo don Mario: “Ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”. En estos momentos y en este ecosistema es imposible mantener la seriedad. Buen provecho.

