- POR BENJAMÍN LIVIERES
- Analista político
El senador Ever Villalba (PLRA) está empecinado en desacreditar de antemano los resultados electorales, incluyendo, vaya contradicción, los que a él y a sus correligionarios permitieron ocupar una banca en el Congreso, intendencias, juntas municipales, juntas departamentales y la gobernación del departamento con mayor cantidad de electores de toda la república.
Su campaña tiene como blanco las máquinas electorales, que serían “altamente vulnerables” y estarían al servicio del fraude. En definitiva, “una trampa mortal” para la democracia, según sus palabras.
Al senador liberal parece no importar que sus afirmaciones fueran desmentidas por propios y extraños, en reiteradas ocasiones. El Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) realizó una serie de pruebas y auditorías con participación de los apoderados y técnicos de todos los partidos, entre ellos del PLRA, quienes no detectaron irregularidades que pudieran alterar el escrutinio.
A lo señalado, suficiente para cerrar cualquier discusión al respecto, debe agregarse el sistema de controles que se implementa el día de los comicios y que, según la legislación vigente, tiene como una de sus columnas vertebrales a las “mesas electorales”, integradas por representantes de los partidos políticos participantes, uno de los cuales es… el PLRA.
Estas mesas realizan el recuento de los votos, imprimen los certificados de resultados TREP y los entrega al acopiador/a TREP, imprime y firma las actas de escrutinio, imprime los certificados de resultados, los firma y entrega a veedores/as, apoderados/as de los partidos y otras personas que los soliciten. Y finalmente, por citar los aspectos más relevantes del proceso, guarda los documentos electorales en los 7 sobres que les fueron entregados al inicio de la jornada, después de firmarlos y cerrarlos, y los entrega bajo recibo al miembro/delegado de la Junta Cívica.
Nuestra democracia tiene muchos defectos, sin duda alguna. La debilidad estructural de sus instituciones, la baja calidad de la representación política y la crisis del sistema de partidos, afectados por un avanzado proceso de vaciamiento doctrinario e ideológico, son algunas de sus expresiones. Pero el respeto a la voluntad popular es su mayor fortaleza.
Por eso sorprende la necedad de Ever Villalba y también, hay que decirlo, la actitud pasiva de los partidos de oposición que “lo dejan correr”, a sabiendas de que sus ataques se dirigen contra uno de los pilares del régimen democrático.
Ante la ausencia de fundamentos razonables, todo parece indicar que las denuncias del senador y, sobre todo, el silencio de sus colegas opositores, respondería al hecho de que se preparan para una nueva frustración electoral este 4 de octubre, en cuya eventualidad apelarían al triste argumento de que “hubo fraude”. E igualmente, a la manifiesta intención de volver a las papeletas y a las listas bloqueadas o “sábana”, que les avergüenza plantear formalmente dado que fueron los promotores de dejarla sin efecto.
Lo primero, no les resuelve el problema político de fondo, que es no poder ganar elecciones en décadas. Y lo segundo, se subsana planteando abiertamente el debate, por más bochornoso que les suponga volver sobre sus pasos.
Las historietas pueden ser entretenidas para momentos de esparcimiento, pero los debates políticos deberían regirse por estándares más altos, de mayor trascendencia, que no son los que proponen.

