- Por Gabriela Teasdale
- Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay
- prensa@liderazgo.com.py
La llegada de septiembre y la primavera suele presentarse como una celebración de colores y vitalidad. Sin embargo, este mes también nos acerca a la recta final del año y va dejando en evidencia un cansancio acumulado que ya no podemos disimular. A esta altura del partido, la exigencia social de mostrarse con energía renovada choca de frente con el agotamiento de haber sostenido el ritmo durante nueve meses.
Vivimos acelerados y normalizamos operar en alerta constante. El problema es que el cuerpo no está diseñado para sostener ese nivel de exigencia sin pagar un costo. Cuando no hacemos pausas, el organismo se inflama, la mente se satura de ruido y perdemos la capacidad de disfrutar incluso de lo cotidiano. No se trata de una debilidad propia; es la respuesta biológica directa a un estilo de vida que no frena.
El descanso no es un premio que nos concedemos únicamente cuando sobra tiempo o cuando llegamos a las vacaciones de verano. Es una necesidad vital para tomar buenas decisiones, sostener el foco y cuidar nuestra salud. Si no le damos espacio a la mente para vaciarse de tanta sobrecarga, el desgaste a fin de año pasa factura.
Septiembre no solo es una oportunidad para agradecer el inicio de una nueva estación, sino también para poner el termómetro en nuestro estado interno. El año va a seguir su curso, pero nosotros sí podemos elegir con qué ritmo transitar los meses que quedan.
Para cuidar tu energía y encarar esta etapa con otra postura, te sugiero tres decisiones concretas:
1. Regulá tu biología al empezar el día: apenas te levantás, buscá 10 a 15 minutos de luz natural. Exponerte al sol matutino ayuda a regular tus ritmos biológicos, frena la hormona del sueño y te da energía de manera sostenida para encarar la jornada sin depender del café o la prisa.
2. Frená la espiral del cansancio mental: la mente no distingue entre un problema real y lo que imaginás que va a pasar de acá a diciembre. Cuando sientas que los pensamientos no paran, bajá todo a un papel. Escribir lo que te preocupa te saca el peso de encima y te devuelve al presente.
3. Agendá espacios de no-actividad: no esperes a diciembre para hacer una pausa. Reservá momentos breves en tu semana donde no haya pantallas, objetivos ni tareas pendientes. Permitir que la mente descanse sin un propósito inmediato es la única forma de recuperar la lucidez y llegar enteros al cierre del año.
Ser líder de tu propia vida no pasa por ver cuánto aguante tenés antes de reventar. Pasa por tener la madurez de frenar a tiempo y cuidar tu energía. Decidir cómo querés transitar esta recta final es tu responsabilidad.

