- Víctor Pavón (*)
Desde hace años enfocaron mi atención la economía, la filosofía, la historia y el derecho. Aunque mis ideas y propuestas son diferentes a las del pensamiento predominante, tal vez sea por este motivo que permanentemente me invitan en diferentes medios de comunicación.
Fue Tom Metallo, profesor en el Helms School of Government, Liberty University, quien mejor lo expresó en una parte del prólogo de uno de mis libros: “Víctor Pavón es una voz que clama en el desierto.
En una región que tiende hacia el estatismo, él se atreve a soñar con un país libre y próspero que desencadena la energía tremenda del individuo para crear una sociedad política económicamente más justa”.
Considero fui influenciado “por una mano invisible” de la que habla Adam Smith en su libro “La Riqueza de las naciones” de 1776, aunque este autor ya antes utilizó esa frase en su obra filosófica “La teoría de los sentimientos morales” de 1759. Para recordar a los amables lectores, éste filósofo moral es el padre de la economía moderna.
Voy entonces al título de mi escrito de hoy. La batalla por la tierra de Dios (Salmos 24:1) Encuentro sabiduría en las Sagradas Escrituras para entender la realidad de hoy. En Mateo 12.18, uno de los apóstoles de Jesucristo y reconocido como uno de los evangelistas por ser el autor del primer libro del Nuevo Testamento, dice “...él proclama justicia a los Gentiles” ( o las naciones). Fue el mismo Jesús el que dijo a los fariseos que deben enfocarse en la justicia y no sólo en las reglas religiosas.
Las reglas expresadas en las formalidades son importantes. Mantienen las tradiciones y costumbres, pero, si están desprovistas de principios y valores, entonces pierden su sustancia, son como el cascarón del huevo al que le han sacado su contenido. Y si nos enfocamos en la justicia de la que habla el Maestro en Mateo 12:18, la misma expresa un valor moral por el cual cada individuo es un fin en sí mismo que le corresponde por su esencia la libertad para actuar y cooperar sin dañar a los demás.
Para este cometido la propiedad privada es fundamental. La libertad se encuentra amenazada cuando algunos con suficiente poder de coerción confiscan a otros el fruto de su trabajo.
En Lucas 4.18 encontramos que el primer mensaje de Cristo se enfocó precisamente en la libertad para “los pobres, cautivos… aquellos que están oprimidos”.
Y está escrito que “el fruto del justo es árbol de vida; y el que gana almas es sabio” (Proverbios 11:30); sin embargo, considero se debe agregar lo siguiente: modificar a las naciones, aun cuando nuestra prédica contra la corriente sea fatigosa y hasta peligrosa. Y la respuesta de mis dichos encuentro en Salmos 24:1: Es la batalla por la tierra de Dios.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

