• José Duarte Penayo
  • Filósofo
  • Presidente de ANEAES

El Partido Colorado ha sido, a lo largo de su historia, el intérprete por excelencia del sentir nacional y popular. Ha liderado la reconstrucción de la patria después de la catástrofe de la guerra de la Triple Alianza, la modernización del Paraguay, la lucha por el voto de la mujer, la defensa de los derechos laborales del pueblo y, ya en el siglo XXI, la consolidación de un orden económico y fiscal que volvió a proyectarnos al mundo.

En democracia, cuando tuvo organización y figuras competitivas, construyó mayorías. Hoy el desafío es seguir siendo ese intérprete, ensanchar nuestra base social y popular y enfrentar con éxito los experimentos políticos que acechan al continente.

Históricamente somos el partido del orden y de la incorporación social, no el partido de élites iluminadas sin otra base que sus espacios endogámicos de circulación. Por eso esta hora exige discutir qué Paraguay queremos para las próximas décadas.

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Sin renunciar a los grandes logros democráticos económicos y sociales, debemos pensar con sinceridad el modelo de desarrollo futuro y la sustentabilidad del consenso que desde 2003 nos permitió crecer sostenidamente con estabilidad.

¿Por qué la percepción del éxito económico no coincide tantas veces con el juicio ciudadano sobre su realidad? Esa distancia obliga a mirar cuánto empleo crea el crecimiento, qué movilidad produce, qué capacidades nacionales deja y cuánto contribuye cada política pública a aumentar la cohesión social, reducir el conflicto y reforzar nuestra identidad. Estas cuestiones deben estar en el origen del debate político de nuestra hora.

El partido vive hoy, como ayer, horas decisivas que requieren discusiones de fondo sobre el Paraguay. Necesitamos un programa claro sobre nuestro futuro energético, el financiamiento de la salud, la educación de calidad y el empleo digno para nuestro pueblo.

Debemos discutir el modelo de desarrollo nacional que pueda hacerlo posible, con una agenda de corto, mediano y largo plazo. Nuestra generación debe ser crítica e innovadora para pensar el futuro del orden nacional. Debe cuestionar los privilegios indebidos, tener posiciones firmes y proponer soluciones concretas para los desafíos del presente.

La educación no es una cuestión sectorial: atraviesa la economía, la estructura social, la productividad y la convivencia democrática, y requiere una óptica de Estado desde la primera infancia hasta la educación superior. Los déficits acompañan al estudiante y terminan convertidos en fracaso o deserción, mientras persisten condiciones básicas que impiden asistir regularmente a clases.

La escuela debe ser una trinchera frente a la instantaneidad y recuperar la lectura, la memoria, la escritura, el razonamiento y la disciplina intelectual. Por eso debemos devolver autoridad al docente, rehacer su formación y subordinar al establishment pedagógico a los fines del desarrollo nacional.

Más aún, la calidad del desarrollo se mide en la capacidad de proteger a quienes viven cerca de la vulnerabilidad. El crecimiento de las últimas décadas redujo la pobreza, pero una enfermedad, el desempleo, la vejez o una discapacidad pueden devolver a una familia al punto de partida. Paraguay necesita una protección social sustentable, capaz de ordenar programas, evitar superposiciones, fortalecer la atención primaria, garantizar medicamentos esenciales y construir un financiamiento duradero.

Cada eje debe traducirse en una experiencia concreta para el pueblo, con un desafío que no pasa por multiplicar estructuras estatales, sino por producir seguridad, oportunidades y servicios que lleguen a tiempo y fortalezcan la confianza en las instituciones.

En esa discusión, nuestra posición geopolítica en el mundo debe partir de una irrenunciable óptica soberanista ante las agendas globales, de la defensa de nuestras tradiciones y del modo de vida de las mayorías de nuestra patria.

Defender el territorio significa custodiar fronteras, tierra, agua, energía, lengua, memoria y capacidad de decisión. En ese mismo contexto, la educación debe recuperar la historia nacional y la conciencia territorial porque conocer el país es condición para defenderlo.

Hoy esa defensa alcanza al espacio digital, por lo que no podemos limitarnos a comprar plataformas, importar soluciones cerradas y entregar nuestros datos mientras llamamos “modernización” a la dependencia.

Por el contrario, necesitamos capacidad en software, inteligencia artificial, ciberseguridad y centros de cómputo. Por lo tanto, la política tecnológica debe responder a necesidades nacionales y no convertirnos en consumidores periféricos de innovaciones ajenas.

En este sentido, la energía vuelve inseparables soberanía y desarrollo. Debemos decidir cuánto invertir en transmisión y nueva generación, qué industrias atraer y qué actividades merecen una ventaja energética que pertenece a la nación. Ahí debe terminar la complacencia con los buitres del negocio de las criptomonedas: consumen enormes volúmenes de energía, crean pocos empleos y dejan encadenamientos limitados.

Hoy, como ayer, y más aún en el tiempo que vive el mundo, debemos defender el rol activo del Estado en la salvaguarda de la cohesión social y en el impulso al desarrollo, reconociendo al mismo tiempo que el Estado debe ser más ágil y veloz, capaz de dar respuestas rápidas y soluciones concretas al pueblo.

Por eso la revisión debe alcanzar al sistema tributario y al propio Estado. Debemos preservar incentivos a la inversión productiva, el empleo y la tecnología, pero ninguna exención puede convertirse en patrimonio adquirido. Cada beneficio debe justificar su finalidad, inversión y duración.

Si queremos seguir siendo un partido nacional, si queremos seguir siendo el intérprete indiscutido del sentir popular y la fuerza política que defiende nuestra soberanía y nuestra identidad cultural, a las nuevas generaciones de colorados y coloradas nos toca militar, convencer, debatir y avanzar. Por eso, el nacionalismo y la doctrina social colorada no son el pasado: son la brújula que ilumina el Paraguay eterno.

Etiquetas: #ANR#139 años

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