• Víctor Pavón (*)

Cuando impartí una conferencia sobre este tema uno de los presentes en el auditorio me dijo que no existe enfrentamiento alguno entre el Estado y el individuo tomando en cuenta que aquella organización es el resultado de lo que las personas deciden, por lo que todos, terminó diciendo, somos el Estado. Seguidamente, me solicitó mi parecer sobre sus dichos.

Aquí parte de mi respuesta. Pese al persistente intento de los intelectuales funcionales a la coerción estatal en hacernos creer la fábula del estatismo colectivista por el cual el Estado somos todos, en términos teóricos y prácticos no es así.

El Estado es una organización política coercitiva conformada por personas que actúan en nombre de otros pero no necesariamente responden a sus representados. La historia demuestra que el surgimiento del Estado no fue por consenso o acuerdo entre las partes basado en el consentimiento.

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Fue el resultado de la violencia de algunos que luego de triunfar sobre el otro bando que también deseaba alzarse con el poder para luego imponer sus propias directrices. La naciente burocracia luego de repartirse el botín de sus vencidos adversarios, pronto se decidió por contar con más recursos.

La burocracia de sirvientes a la orden del Leviatán nunca pudo ser contenida debido a su voraz apetito por llevarse lo producido por otros y fue de ese modo que inventaron los impuestos, nombre que lo dice todo, imponer el pago de dinero a otros sin mediar consentimiento alguno.

Hoy se ha perfeccionado el “arte” de gastar nuestro dinero por parte del Estado que algunos les parece inocuo. Unos pecan de ilusos, otros de interesados.

El Estado, en la práctica, es un colectivo fundado en la coerción con atribuciones de hacer uso de la violencia contra los que se le oponen, aun cuando por ejemplo, se sabe que el pago de impuestos u otros privilegios son extraídos de las personas incluso más pobres originando desempleo y bajos ingresos en una sociedad. La extracción del ahorro genera menos inversión y menos calidad de vida.

El individuo es diferente. Es el ser humano soberano con derechos inalienables y anteriores al Estado siendo esos derechos su vida, libertad y propiedad. Su naturaleza racional le incentiva a descubrir la razón moral de su existencia: cooperar con sus prójimos para sobrevivir y mejorar mediante el principio de no agresión así como de su legítima defensa.

Para finalizar aquella disertación invité a los presentes a decidir si estaban o no de acuerdo con esta dicotomía entre el Estado versus el individuo.

La respuesta fue casi unánime; del lado correcto, cuestión de sentido común. Falta mucho por hacer pero fue un avance en la batalla por la libertad y la propiedad. Bendito sea Dios.

(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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