- Emilio Agüero Esgaib
- Pastor
El libro de Éxodo está marcado por milagros poderosos, nube que guiaba de día al pueblo, muros de fuego que de noche daban calor y luz, lluvia de maná, roca que daba agua, mares que se abrían, etc.
Luego pasamos al libro de Josué, aunque también hubo milagros como la conquista de Jericó, el sol que paró, la apertura del Jordán. No hay más nube que guíe ni comida que caiga del cielo, ahora tenían que pelear, incluso morir, para conquistar la tierra prometida.
Josué toma la posta en el liderazgo de Israel. La mano derecha de Moisés asume la responsabilidad de conquistar la tierra prometida.
Dios le pidió al nuevo líder obediencia y el pueblo le dijo que, así como estuvieron con Moisés, ellos también estarían con él siempre y cuando se vea que Dios estaba con Josué como con Moisés.
Dios hace la promesa que daría la tierra de Canaán a sus hijos Números 13:1,2: “Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Envía tú hombres que reconozcan la tierra de Canaán, la cual yo doy a los hijos de Israel…”.
Pero 10 de los 12 espías enviados para explorar el nuevo territorio a ser conquistado dijeron en Números 13:31: “Mas los varones que subieron con él, dijeron: No podremos subir contra aquel pueblo, porque es más fuerte que nosotros”.
Cómo termina la historia: “De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella...”. Josué 21:43-45
De esto podemos aprender que:
* La victoria no depende de las emociones humanas. Depende de Dios.
* Las victorias no la ven todos, la ven los hombres y las mujeres de fe porque no caminamos por vista, sino por fe.
* La primera gran victoria es creer que habrá una gran victoria.
* La victoria no depende de nuestras fuerzas, dependen de las fuerzas de Dios.
* La victoria no depende de nuestros recursos, dependen de los recursos de Dios.
* Las victorias no dependen de los que quieren tener victoria, sino a quien Dios quiere dar esas victorias.
* Dios quiere darnos victorias. Eso no hay dudas.
Las palabras “dio y dar” se repiten a lo largo de todo el libro.
En el principio del libro Dios ordena a Josué que cruce el Jordán “a la tierra que yo les daré” (1:2). Luego dice “la tierra que yo le he dado a ustedes” (1:3) y “la tierra que Él juró a sus padres que les daría” (1:6).
Pero Dios pidió obediencia para recibir la bendición que Dios prometió (1:7-8) Leer.
“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien”.
Dios intervino de manera sobrenatural para la conquista, envió granizos, detuvo el sol, echó las murallas de Jericó. Ellos también tuvieron que pelear, pero la victoria lo daría el Señor. Realmente ellos no “ganaron” la tierra, la tierra fue dada por Dios como prometió a Abraham. La gloria es totalmente de Dios siempre.
Esta historia nos ayuda a entender nuestra propia salvación. Dios nos ha dado un Mediador del pacto perfectamente obediente, un Salvador mayor que Josué para llevarnos a una victoria mayor que Josué y eso nos pertenece a todos los que confiamos en Cristo como nuestro Señor y Salvador.
La historia de Josué nos muestra que en las grandes promesas de Dios no importa el tiempo que pase ni las dificultades que tengamos, Dios nunca dejará de cumplir sus promesas. Le prometió a Abraham cientos de años antes que le daría la tierra a sus descendientes y lo cumplió. Le prometió a Josué que le daría grandes victorias y le dio.

