- POR ANÍBAL SAUCEDO RODAS
El último intento serio –encarado como proceso– para generar pensamiento crítico y construir ciudadanía desde las aulas tuvo como protagonista al Movimiento Independiente Universitario (MIU), y que buscó crear conciencia a través de su vocero, el semanario “Frente”. Fue en los inicios de la década de los 70 que adquiere su mayor fuerza, el decenio infame de la dictadura de Alfredo Stroessner, en que se cometieron los más despreciables actos de barbarie que pueda imaginarse el ser humano. Pero los estudiantes no se limitaban a la lucha en los papeles, ni reclamaban únicamente reivindicaciones sectoriales, sino que, dentro de un amplio contexto, proyectaron hacia la sociedad la revaloración de la cultura popular, especialmente la música, como sustrato de una rebelión silenciosa que pudiera apurar la liberación de nuestro pueblo desde la insurgencia ética. Fue, por encima del negro crespón de la tragedia, una época gloriosa del folclore nacional y el nuevo cancionero paraguayo. Tampoco obviaron la literatura: la narrativa, el teatro y la poesía. La mirada reflexiva abarcante incluía, también, la realidad latinoamericana. Se promovía una razón telúrica para la unidad interna y regional, combatiendo frontalmente la degradante mentalidad colonialista y las pretensiones usurpadoras del imperialismo.
En el ejemplar número 38 hace un paralelismo entre los “dos tratados”, el de 1865 (de los aliados de la Guerra Grande) y el de 1973 (Itaipú). En su edición del 21 de setiembre de 1973 anunciaba el “Encuentro de juventudes en homenaje a Emiliano R. Fernández y a la música paraguaya” (el extraordinario poeta había fallecido el 15 de setiembre de 1949), en tanto el editorial de la página 3 lamentaba “la muerte heroica de un latinoamericano”: Salvador Allende. “Del compañero Allende podemos decir que si ha muerto ha sido para seguir luchando. Su nombre, como los de José Martí, Bolívar y Francisco Solano López, será para el futuro una bandera más de todos los pueblos latinoamericanos que luchan por su liberación de la dominación extranjera”, concluye el escrito. En otro apartado condena “al tratado colonialista de Itaipú”, reafirmando “la soberanía paraguaya sobre los Saltos del Guairá”, al tiempo de demandar “la renegociación del tratado” y repudiar “la inminente intervención militar imperialista brasileña contra el pueblo paraguayo”. Los jóvenes dirigentes de aquella época repudian “la violencia brutal y desenfrenada desencadenada por el imperialismo y la oligarquía en contra del pueblo chileno”. Entre los entrevistados por “Frente” aparecen Adalberto Mongelós, Óscar Brítez e Ilde Silvero. En las páginas 6 y 7 se despliega una amplia crónica sobre el planeado golpe que asesinó al “médico, socialista y demócrata” Salvador Allende, “mártir de la liberación latinoamericana”.
El miércoles 3 de octubre de 1973, el viejo –ya demolido– Estadio Comuneros (que estaba ubicado al lado del actual edificio del Congreso de la Nación) experimenta uno de sus momentos más épicos. El homenaje a Emiliano desborda literalmente el lugar elegido para su realización. Largas filas para entrar al sitio, en que tenían absoluta prioridad los excombatientes de la Guerra del Chaco. La presencia de Alejandro Cubilla y su Banda Coygua (grafía de época) hace delirar a la concurrencia –relata “Frente”– con interpretaciones de “Che la reina” y “Campamento Cerro León”. También se publica, en una edición anterior, la letra de “Canto de esperanza”, de Carlos Noguera, “joven compositor de la Facultad de Arquitectura y uno de los fundadores de Joven Alianza”.
Sus líderes estudiantiles se declararon como un “movimiento de avanzada”, lo que hoy podríamos interpretar como “progresista”, recibiendo, naturalmente, los epítetos de “ignorantes y comunistas” por algunos leales a la dictadura. Ese mismo mes de setiembre insistían en denunciar el confinamiento en Sapukái del director de la revista “Diálogo”, Germán Ballash Benítez. Al mes siguiente, octubre, es enviado al mismo lugar y en igual carácter Sebastián Díaz Royg, jefe de redacción de la citada publicación, secretario ejecutivo de la Conferencia Episcopal Paraguaya y periodista del diario Abc Color. Como trueque, volvió a la capital Ballash.
¿Por qué esta inmersión en la nostalgia? Porque hace poco, la socióloga Ruth Flores, en visita a la institución donde ejerzo funciones circunstancialmente, compartió conmigo la idea de llevar adelante una muestra de algunos ejemplares del Semanario “Frente” (casualmente, poseo la colección de 1973), junto a otros jóvenes vinculados al Centro Paraguayo de Estudios Sociológicos (CPES), fundado por el maestro Domingo Rivarola, y que tenía en su comité editorial a Graziella Corvalán y Line Bareiro, entre otros integrantes. La exposición anunciada para el 24 de setiembre, de hecho, será de gran trascendencia para entender la lucha como proceso integral, más allá de los justificados reclamos sectoriales. Deberíamos recuperar la conciencia popular y nacional de aquellos tiempos. ¡Qué bien nos haría como sociedad! Buen provecho.

