- Por Jorge Torres Romero
De memoria conocemos los problemas de Asunción. Sabemos dónde están los baches, padecemos el tránsito, vemos la basura, conocemos el deterioro de los espacios públicos y sufrimos una ciudad que durante demasiado tiempo creció sin la planificación que merece una capital.
El diagnóstico está hecho. Lo que falta es algo mucho más difícil: proyectar las soluciones y tener la capacidad de ejecutarlas.
Por eso me pareció importante la presentación del plan de gobierno de Camilo Pérez. No solamente por lo que dijo, sino por algo que en política debería ser elemental y pocas veces ocurre: mostró el equipo con el que pretende gobernar.
Porque un intendente no puede hacerlo todo. Por más capacidad, voluntad o liderazgo que tenga, ninguna transformación seria de una ciudad puede descansar sobre los hombros de una sola persona. Hace falta rodearse de profesionales de primera, gente que conozca su área y que pueda pensar Asunción más allá del fanatismo electoral.
Camilo Pérez presentó nombres como la psicóloga Felipa Mersam, el arquitecto Marcelo Pizurno y el economista César Adario. Profesionales de reconocida trayectoria que aportan distintas miradas sobre una misma ciudad. Eso es lo que necesitamos: conocimiento, planificación, gestión y capacidad técnica.
En otras palabras, Camilo mostró los bueyes con los que quiere arar. Y eso tiene un enorme valor.
Asunción ya no tiene tiempo que perder en discursos vacíos. Tampoco alcanza con repetir que la ciudad está mal, enumerar sus problemas o reducir toda una propuesta electoral a decir que “los colorados son los malos”. La crítica puede servir para identificar responsabilidades, pero la crítica por sí sola no tapa un bache, no recoge una bolsa de basura, no ordena el tránsito ni moderniza una municipalidad.
Gobernar es otra cosa. Gobernar significa planificar. Establecer prioridades. Diseñar soluciones posibles. Conseguir recursos. Formar equipos. Medir resultados. Corregir errores. Y, fundamentalmente, ejecutar.
Además, los desafíos de Asunción van mucho más allá del tránsito, la basura y los baches. Hay que discutir qué ciudad queremos dentro de diez o veinte años: cómo recuperamos el centro histórico, cómo atraemos inversiones, cómo aprovechamos la costanera, cómo incorporamos tecnología, cómo hacemos una ciudad más caminable y segura y cómo conseguimos una Municipalidad eficiente que esté verdaderamente al servicio del ciudadano.
Para eso necesitamos técnicos, pero también necesitamos recuperar algo que muchas veces olvidamos: la mentalidad ganadora.
Tenemos que dejar de asumir que Asunción está condenada al deterioro. El paraguayo puede hacer las cosas bien. Puede construir, innovar, administrar y transformar. Pero para conseguirlo también será necesario recuperar la autoestima de los propios funcionarios municipales, motivarlos, capacitarlos, exigirles resultados y hacerlos sentir parte de una transformación.
Una Municipalidad no cambia únicamente reemplazando al intendente. Cambia cuando toda su estructura entiende hacia dónde quiere ir la ciudad.
Por eso celebro el paso dado por Camilo Pérez. Naturalmente, un buen equipo no garantiza por sí solo una buena gestión. Después habrá que demostrar capacidad, cumplir los compromisos y convertir los planes en resultados. Pero empezar mostrando quiénes van a pensar, planificar y ejecutar la ciudad es una señal correcta.
Asunción necesita menos cascarones electorales y más proyectos.
Menos consignas y más planificación.
Menos fanatismo y más profesionales.
Ya conocemos de memoria nuestros problemas. Ahora queremos conocer, discutir y ejecutar las soluciones.
Y para hacerlo necesitamos un intendente con liderazgo, pero también un equipo capaz de convertir una visión en realidad.
Porque nadie transforma una ciudad solo. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

