• POR EL DR. JUAN CARLOS ZÁRATE LÁZARO
  • MBA
  • Consultor Financiero

Jack Welch, uno de los ejecutivos más admirados del mundo en el siglo XX, define a la sinceridad como el mayor secreto del mundo empre­sarial. Su ausencia impide que las ideas inteligentes, la acción rápida y las bue­nas personas aporten todo el potencial que poseen.

Si se es sincero (aunque nunca se consi­gue plenamente), todo funciona mejor y más rápido.

Welch decía: Cuando hablo de “falta de sinceridad” no me refiero a una falta de honradez malintencionada, sino a que demasiadas personas no se expresan (con excesiva frecuencia y de forma instintiva) con franqueza. No se comunican clara­mente ni sugieren ideas para estimular un verdadero debate. No se abren. Por el contrario, se guardan los comentarios o las críticas.

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Cierran la boca para hacer que otros se sientan mejor o evitar el conflicto y endul­zan las malas noticias a fin de cubrir las apariencias. Se guardan las cosas para ellos, acumulando información.

En eso consiste la falta de sinceridad. Es totalmente perniciosa, pero impregna casi todos los aspectos de los negocios. Es aún más frecuente oír que en las eva­luaciones de rendimiento se peca de falta de sinceridad.

Welch señala que a menudo en sus confe­rencias suele acabar pidiendo a los asis­tentes que levanten la mano si durante el último año han recibido una sesión de feedback honrada, de la que hayan salido sabiendo exactamente qué tienen que hacer para mejorar y cuál es su lugar en la organización.

Sigue diciendo que en un buen día se alza el veinte por ciento de las manos; por lo general, la media es de un diez por ciento.

Hay que olvidarse de la competencia externa. El peor enemigo del negocio es la forma en que nos comunicamos con los demás en el ámbito interno. Existen tres vías de acuerdo para que la sinceri­dad conduzca al éxito a saber: Primero, y fundamental, hacer que más personas participen en la conversación; cuantas más participan mayor es la riqueza de ideas. De esta forma, muchas más ideas afloran a la superficie, se discu­ten, se analizan y se perfeccionan.

En segundo lugar, generar rapidez. Cuando las ideas no se ocultan, sino que se exponen abiertamente, pueden deba­tirse con celeridad, extenderse, mejorarse y convertirse en actos. La sinceridad es una forma de no quedarse atrás.

Tercero, reducir costes (muchos), aunque no será posible establecer tal reducción en números precisos. Basta plantearse como elimina reuniones carentes de sentido e informes innecesarios que confirman lo que ya todos saben.

Cuando se tienen en cuenta todos estos beneficios y ventajas, es evidente que uno no puede permitirse la falta de sin­ceridad.

Evidentemente, es más fácil introdu­cir dicho concepto en la empresa si se ocupa un puesto elevado jerárquica­mente hablando. Pero no debe culparse a nuestro superior o al gerente general si la compaña lo carece, ya que el dia­logo abierto puede empezar en cualquier nivel.

Jack Welch decía: mis jefes me advirtie­ron que la sinceridad me traería proble­mas. Ahora que mi carrera en General Electric ha terminado, puedo afirmar que la sinceridad me fue de gran ayuda.

Es imposible imaginar un mundo donde todos digan siempre lo que piensan. Lo más probable es que tampoco nos gustase demasiada información. Pero, aunque solo lleguemos a la mitad de eso, conseguiremos que la falta de sin­ceridad ya no sea el mayor secreto del mundo empresarial. Será un cambio para mejor.

La sinceridad funciona porque aclara muchas situaciones. Lo bueno de la misma es que es un acto innatural de un valor incalculable.

Ser una persona sincera significa no men­tir en ningún ámbito de la vida.

Enfrentar la vida con este valor nos ayu­dará a ser dignas de confianza y a que los demás nos vean como personas nobles.

Etiquetas: #Jack Welch

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