- Por Marcelo Pedroza
- Doctor en Psicología y Magíster en Educación
- mpedroza20@hotmail.com
El universo puede ser contemplado como una realidad ordenada y el ser humano, al formar parte de ese cosmos, puede encontrar en él un modelo para comprender su propia realidad. La naturaleza siempre habló, y siempre lo hará. Observarla ayuda a pensar, y por supuesto, a actuar. Interpela a las perspectivas limitadas a lo particular y estimula la visión de captar y asimilar un orden universal.
Para Teón de Esmirma (70 - 135), filósofo, matemático, musicólogo y astrónomo griego, los números permiten descubrir relaciones, proporciones y estructuras de orden. Influido por el pensamiento pitagórico, en su obra “Sobre las Matemáticas Utilizadas para el Entendimiento de Platón“, se explaya sobre la teoría de números en la primera sección de dicho texto. En la segunda sección escribe sobre la música y la armonía y en la tercera sobre el cosmos.
La música es una manifestación sensible de un orden racional. Hay una relación entre número y música, que posibilita entender la noción de armonía, debido a que sonidos diferentes pueden relacionarse de manera proporcionada, dando lugar a la unidad. Puede trasladarse dicha idea a la existencia humana. La persona también está compuesta por dimensiones distintas, como razón, deseos, emociones, memoria, imaginación, entre otras.
¿Qué ocurre en el ser humano cuando su vida pierde la proporción, la medida y el orden? La respuesta, tanto para la tradición pitagórica como platónica, es desarmonía. Entonces, el número puede ser entendido como una de las primeras formas de pensar el orden de la vida, es que allana la práctica de los verbos medir, distinguir, relacionar y proporcionar.
El cosmos, la música y el ser humano pueden pensarse mediante una misma categoría: la armonía.
Hay música en la filosofía. Y la naturaleza lo sabe.

