- Por Benjamín Livieres
- Analista político
En los últimos días asistimos a una serie de anuncios referidos al sistema eléctrico, que, como sabemos, requiere con suma urgencia de nuevas fuentes de generación que lo alimenten. Algunos, pese a la pirotecnia mediática desplegada para su promoción, no trascienden los límites de la ridiculez. Otros, en cambio, resultan auspiciosos y podrían encaminarse hacia medidas para afrontar la emergencia por la que atravesamos en esta materia, siempre y cuando se plasmen en acciones concretas.
Según versiones periodísticas, que citan fuentes oficiales, Paraguay podría tener (mini) reactores nucleares en un plazo de 5 años, de la mano de los Estados Unidos. Así se respondería a la demanda de empresas extranjeras de alto consumo de energía interesadas en instalarse en el país, como la firma inglesa Atome, de acuerdo al relato en cuestión. Pero tales afirmaciones son, cuando menos, irresponsables, al decir de Victorio Oxilia, experto en temas energéticos. Y vaya que lo son, dado que la ejecución de cualquier emprendimiento de esa naturaleza implicaría un proceso de no menos de 15 o 20 años, siendo muy optimistas.
Las expectativas de corto plazo se basan en el memorando de entendimiento sobre cooperación nuclear civil estratégica, suscrito el pasado 4 de agosto con EE. UU. Pero esto, si bien puede ser de mucha importancia de cara al futuro, es un memorando, no más que eso.
Quien explicó sus alcances fue el encargado de Negocios de la Embajada norteamericana en nuestro país, Robert Alter. “Es muy importante hacer una aclaración.Lo que se firmó fue un memorando de entendimiento no vinculante para compartir conocimientos y mejores prácticas. No se firmó todavía un ‘Acuerdo 123’ (se refiere a la normativa estadounidense), que sí es un tratado vinculante, pero sienta las bases para acompañar a Paraguay en la evaluación soberana de esta tecnología”, precisó el alto funcionario.
La relevancia del acuerdo radica, pues, en que se abren las puertas para la capacitación de científicos, ingenieros y técnicos paraguayos, proceso que tiene una duración estimada de entre 5 a 7 años, así como al asesoramiento para la creación de leyes, reglamentos y controles jurídicos adaptados a los estándares internacionales, pero no a la exportación de componentes nucleares a nuestro país, como sí lo habilitaría el “Acuerdo 123”.
La incorporación a la matriz energética de fuentes de generación nuclear es absolutamente necesario, pero supone un largo camino de al menos dos décadas, en el que recién se está dando el primer paso. Sin embargo, Paraguay hoy, ahora, tiene necesidades para cubrir las demandas de un mercado que en 3 o 4 años habrá de utilizar la totalidad de la energía producida por las hidroeléctricas.
El anuncio que resulta auspicioso es el referido a la reinstalación de la “mesa energética”, que sesiona en la fecha para abordar dos proyectos clave: la creación del Ministerio de Energía y de un ente regulador. Pero debemos ser insistentes, porque las urgencias no esperan. Necesitamos, ya mismo, una hoja de ruta para la creación de nuevas fuentes de generación y establecer criterios para administrar con rigor nuestra energía aún disponible a fin de no ofrecer al mundo lo que no tendremos en poco tiempo. E igualmente es perentorio definir la tarifa de la Ande, de modo que sus finanzas no se vayan al tacho.
Estas son las necesidades inmediatas. Lo demás es solo humo, sean “soluciones mágicas” o “grandes proyectos” que supuestamente nos colocarán en la cima del mundo.

