• Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA

La experiencia representa para el hombre de negocios un caudal incalculable por los fracasos que pueda evitarle.

Conocer previamente el resultado de los hechos es lo que en primer lugar puede guiarle para no caer en concepciones absurdas o dejarse arrastrar por el espejismo de operaciones brillantes en apariencia, pero ruinosas en realidad.

La experiencia es la ciencia de la edad, dice un antiguo proverbio, y el hombre de negocios no puede en manera alguna esperar que transcurran los años para lograr adquirir este preciado conocimiento.

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Necesita actuar inmediatamente, cuando sus energías vitales son pletóricas y no se han consumido en el transcurso del tiempo, cuando sus facultades no han sido gastadas por un trabajo abrumador.

Es fundamental porque permite el aprendizaje a partir de vivencias, tanto personales como profesionales. Enriquece el conocimiento, ayuda a la toma de decisiones informadas, fomenta la adaptación y el desarrollo de habilidades cruciales.

La experiencia compartida, ya sea en el ámbito laboral o personal, fortalece vínculos y promueve el crecimiento colectivo.

La experiencia, tanto propia como la de otros, nos permite aprender de errores y aciertos, generando autoconocimiento y permitiendo tomar decisiones más acertadas.

A través de ella se desarrollan habilidades valiosas como la resolución de problemas, la toma de decisiones, la comunicación y la adaptación al cambio.

Proporciona una base sólida para tomar decisiones informadas en diversos ámbitos de la vida, tanto personal como profesional.

Permite adaptarse a situaciones cambiantes y a nuevos desafíos, tanto en el ámbito laboral como en el personal.

En el ámbito laboral, es un factor clave para el crecimiento profesional, permitiendo acceder a mejores oportunidades y roles.

Al exponerse a diferentes perspectivas y formas de resolver problemas, la experiencia puede fomentar la innovación y la creatividad.

Compartir experiencias con otros fortalece vínculos, crea recuerdos y fomenta el crecimiento personal y colectivo.

Permite aprender de los fracasos, tomar decisiones informadas, manejar recursos eficientemente, comprender el mercado y desarrollar estrategias efectivas.

Es un motor de crecimiento personal y profesional, que nos permite aprender, adaptarnos, tomar decisiones informadas y construir relaciones significativas.

Es una de las cosas más valiosas que una compañía puede ofrecer. Sin embargo, esto no siempre es apreciado por el mercado. En algunos casos, su verdadero significado y alcance no es comunicado adecuadamente, minimizando su impacto y haciéndolo ver como algo no tan relevante.

Y es así como negocios con larga tradición, empiezan a desvanecerse y perder relevancia frente a los recién llegados competidores, que, si bien pueden tener atractivas novedades, en muchos casos carecen de la experiencia que se necesita para realizar bien un trabajo.

Como todo buen diferencial, para que sea relevante debe ser específica. No basta con decir que tiene experiencia, eso es un argumento genérico.

No basta con poner los 10, 20 o 50 años como parte del eslogan. Hay que hacerlo específico para que sea relevante.

Específico significa que, por ser muy concreto y evidente, es fácilmente entendible por los clientes y éste le da la dimensión que merece.

En condiciones normales, es probable que cualquier proveedor funcione bien. Pero si las cosas se complican, es cuando la puede salvar el día y es cuando usted o su empresa hacen una enorme diferencia.

Es ese momento donde su cliente va a dar infinitas gracias por haber escogido su empresa y no la del competidor más económico.

La experiencia no es otra cosa que haberse enfrentando una y otra vez a gran cantidad de desafíos, de manera que sabe exactamente lo que debe hacer en cada situación.

Permite resolverle a su cliente un problema o superar un desafío en menos tiempo, pero por encima de todo, le evita problemas futuros.

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