• Por Gabriela Teasdale
  • Presidenta de la Fundación Transformación Paraguay
  • prensa@liderazgo.com.py

En Paraguay tenemos una palabra que nos sale con una naturalidad hermosa, chera’a. La utilizamos a diario en un “¡hola, chera’a!”, un “¿cómo estás, chera’a?” o en ese “estoy contigo, chera’a”, que tanto reconforta cuando la vida se pone cuesta arriba. Lo fascinante de este término no es solo su calidez cotidiana, sino la inmensa sabiduría que guarda en su esencia. Cuando le decimos chera’a a alguien no solo lo llamamos amigo o compañero; en el fondo le estamos diciendo “mi semejante”.

Con el paso de los años volví a reflexionar sobre esta expresión y comprendí cómo nos empuja hacia la empatía. Es ese lazo profundo que nos invita a amar, respetar y ponernos en el lugar del otro, tal como lo hacemos dentro de una familia, dejando que el juicio no ocupe espacio.

Hablar de chera’a es hablar de verdadera conexión humana. Es mirar el mundo a través de los ojos de quien tenemos enfrente, comprender su historia, sus miedos y sus sueños. Las personas capaces de generar un impacto positivo y real no se distinguen por su conocimiento técnico o su brillantez académica, sino por su capacidad de conectar con la sensibilidad ajena.

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La empatía no es una teoría, es una fuerza transformadora. Un ejemplo inolvidable ocurrió en mayo de 1981, cuando san Juan Pablo II sufrió un atentado en la plaza de San Pedro. Dos años después de recibir cuatro disparos, cruzó las puertas de una prisión para sentarse frente a frente con Mehmet Ali Ağca, el hombre que intentó quitarle la vida. Le estrechó la mano, lo escuchó y lo perdonó. En ese encuentro no había ego ni resentimiento, sino un ser humano buscando comprender a otro, regalándole al mundo una lección eterna sobre el valor de sanar a través del perdón.

Esta virtud no se improvisa, se cultiva a lo largo de toda la existencia. Exige una práctica diaria, especialmente en estos tiempos donde el individualismo parecería querer ganarnos la batalla.

En esta semana que celebramos en Paraguay el Día de la Amistad, la invitación es a seguir creciendo en esa mirada profunda. Seamos ese reflejo que no señala, que abraza la diferencia y que entiende la humanidad de cada uno. Busquemos en todo momento dejar mejor de cómo llegó a la persona que se nos cruce, ya sea un amigo, quien nos atiende en el supermercado, quien nos abre la puerta, un compañero de trabajo o alguien que la está pasando mal. Vivamos a través del chera’a ese amor y esa empatía que el líder más grande de la historia, Jesús, vino a enseñarnos, recordando siempre que la conexión humana genuina nos hace más fuertes. ¡Feliz día, chera’a!

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