- Marcelo Pedroza
- Doctor en Psicología y Magíster en Educación
- mpedroza20@hotmail.com
El Corpus Hipocrático, documento que contiene libros de texto, lecciones, investigaciones, notas y ensayos filosóficos sobre diversos temas de la salud, ha trascendido en el tiempo, y se desprende de su seno, un enorme flujo de educación.
Se sabe que abrió un nuevo horizonte de estudio sobre el cerebro, dado que se desligó de las explicaciones que atribuían intervención, sobre las enfermedades de la época, a los dioses.
La gigante obra, cuyo origen fue atribuido en la antigüedad a Hipócrates, aunque es probable que sea el testimonio de lo que habitó en una biblioteca de Cos, e incluso se especula que fue una colección compilada del siglo III a.C. en Alejandría, tiene un compendio de tratados, entre ellos el que versa “Sobre la enfermedad sagrada”, y es ahí en donde la atención práctica se traslada a la palabra escrita, que deja el legado de lo vivido en las secuencias de la experiencia, es allí donde el cerebro se constituye en el centro de análisis, y al cual se presenta como el órgano del pensamiento, la comprensión, la memoria, el juicio y las emociones.
Entre sus enseñanzas se esboza que del cerebro proceden tanto la inteligencia como la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, así como los estados de alegría, tristeza, miedo y dolor. En consecuencia, el pensamiento no depende de fuerzas sobrenaturales, sino del correcto funcionamiento del cerebro.
Hipócrates de Cos (460 a.C. - 370 a.C.), fue un notable médico de la Antigua Grecia, del cual el primer biógrafo de su vida, llamado Sorano de Éfeso, relata que aprendió medicina de su padre y de su abuelo y que además, es verosimil que su paso de formación haya transitado en el Asclepeion de Cos.
Cabe recordar que, en la mitología griega, Asclepio, o bien Esculapio para los romanos, fue el dios de la medicina y de la curación, venerado en Grecia en varios santuarios. Uno de ellos fue el Asclepeion de Cos, construido en honor a Asclepio. El templo está situado en Cos, una isla griega del Dodecaneso, en el Mar Egeo, el que separa del Golfo de Cos.
El cerebro se erige como el intérprete de la conciencia humana. Pensar, sentir, recordar, aprender, distinguir, seleccionar, expresar, en fin, todas las potestades, llamadas en el presente como cognitivas, tienen su raíz en el mismo.
“Los hombres deben saber que del cerebro, y solo de él, proceden nuestros placeres, alegrías, risas y juegos, así como nuestras penas, dolores, tristezas y lágrimas”, pregona el tratado citado.
El Corpus Hipocrático es una de las primeras obras que establece al cerebro como sede de la inteligencia, identificada como una función. Desde una perspectiva filosófica, el tratado inaugura una comprensión fisiológica de la mente.

