• Por Benjamín Livieres
  • Analista político

Este domingo se cumplen cinco meses del episodio de salud que afectó al exmandatario y presidente de la ANR, Horacio Cartes. Cuando esto sucedió, sus detractores internos y externos estallaron de júbilo, e incluso no faltaron quienes, de rendirle pleitesías, pasaron rápidamente a proponer su sucesión. El panorama en filas cartistas no era alentador. La disidencia celebraba en la convicción de que nada impediría capturar la conducción del coloradismo e imponer la candidatura de Arnaldo Wiens para el 2028, a quien, por cierto, algunos adherentes al oficialismo comenzaban a guiñar el ojo y ensayaban en su imaginación posibles fórmulas de “concordia”. La oposición se esperanzaba en la posible proyección de alguna de sus figuras, como Miguel Prieto, mientras Abc y sus satélites ya distribuían sus fichas en ambos frentes. Después de todo, pensaban (y piensan) tienen más parecidos que diferencias.

¿Y qué pasó?

Al bloque anti-Cartes le sucedió lo mismo de siempre. No basan su estrategia en la realidad, en el diseño de proyectos propios y estructuras organizativas que los ejecuten, sino en factores externos, en “ayudas” que siempre piden y esperan del Gobierno de otro país, de embajadas a las que visitan con frecuencia o, como en este caso, de la naturaleza. Nadie puede decir qué hubiera pasado si HC, el líder político más importante del Paraguay, no retornaba tan rápidamente a la arena política como lo hizo, aunque la percepción general era entonces de incertidumbre y fundados temores a la inestabilidad y el caos. Pero lo cierto fue que “el muerto que mataron” recuperó muy pronto su salud y, con un par de movimientos, desbarató los sueños de quienes se sentían capaces de ocupar el vacío político que esperaban fuese permanente.

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Haciendo uso de su condición de “gran elector”, producto del peso de su liderazgo, lo primero que hizo fue proceder a la formalización de la candidatura presidencial de Alliana, despejando cualquier duda al respecto. Pero como en su convalescencia otros se apresuraron en postularse a la vicepresidencia, algo sin precedentes, también hizo público que su opción para el cargo era Juan Carlos Baruja, aclarando que la decisión final era facultad del presidenciable, quien se manifestó reiteradamente en el mismo sentido. Y a esto se sumó un tercer hecho, de carácter letal para la disidencia, para Wiens y los que, desde carpas oficialistas, lo miraban con cariño: Honor Colorado obtuvo una victoria aplastante en las internas municipales del 7 de junio pasado, lo que le permitió ampliar su hegemonía y la de su líder.

Estos factores también “le pincharon el globo” a la oposición y a los grandes grupos mediáticos. La participación de colorados en sus internas fue masiva, más de 1.400.000 electores, frente a menos de 500.000 de todas las fuerzas opositoras, juntas, desinflándose a la par las expectativas creadas en torno a Prieto y otros.

El escenario colorado es, pues, muy claro. Luego de las elecciones municipales de octubre, en este momento prioritarias, se oficializará la dupla Alliana-Baruja, que se impondrá holgadamente en las internas del 2027 y se proyectará hacia las generales del 2028 con las mayores chances de victoria.

Todo lo demás está por fuera de la realidad, empezando por los deseos personales de los que pretenden integrar la chapa colorada, quienes, de persistir en el afán, solo incurrirían en un acto de “onanismo político”, al decir de Duarte Frutos.

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