• Por Bruno Portela
  • Profesor de FDC, Brasil

La publicidad, que siempre ha ayudado a las marcas a cons­truir mercados, enfrenta hoy una contradicción: cuanto más intenta hacerse visible, más corre el riesgo de resultar intrusiva. Inte­rrumpe el video, la serie, la película, el videojuego, la música, la lectura y la expe­riencia digital. En un con­texto en el que las personas están cada vez más conec­tadas, dispersas y expues­tas a múltiples estímulos, la tan apreciada publici­dad, en ocasiones, termina generando una relación negativa entre la marca y la audiencia. Gartner mostró en 2026 que el 81 % de los consumidores en Estados Unidos intenta ignorar los anuncios. Lumen Research indica que solo el 30 % de los anuncios visibles son realmente observados y que apenas uno de cada cinco consumidores recuerda la marca. Una marca puede comprar exposición, pero no puede comprar atención, recuerdo ni confianza.

Las marcas ya han recu­rrido a técnicas como el product placement, en las que el producto aparece dentro de una escena, y al tie-in, cuando la narrativa se desplaza para destacar una marca. Sin embargo, cuando estas prácticas se vuelven demasiado evi­dentes, pueden percibirse como otra forma de inva­sión. El Branded Content surge entonces bajo una lógica distinta: no se trata de un video, una película o una serie sobre la marca, sino de un contenido que incorpora la marca dentro de un contexto relevante. La marca deja de ser la pro­tagonista aparente y pasa a formar parte de un entorno de interés, generando aso­ciación, familiaridad y memoria.

Este escenario se intensi­fica porque el video se ha convertido en uno de los principales lenguajes de la vida digital. DataRepor­tal registra más de 6.000 millones de personas utili­zando internet en el mundo. En Brasil, el informe Inside Video 2025 de Kantar IBOPE Media muestra que los contenidos en video impactaron al 99,54 % de la población en 2024, con un tiempo promedio dia­rio de 5 horas y 9 minu­tos. El video está presente en el entretenimiento, la educación, la información y las conversaciones coti­dianas. En este entorno, la marca ya no depende exclu­sivamente de los anuncios comerciales: puede llegar a las personas cuando su con­tenido posee la relevancia suficiente para ser visto, comentado y compartido.

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Aunque el término Bran­ded Content no es nuevo, ha ganado espacio en el voca­bulario estratégico porque responde a una pregunta contemporánea: ¿cómo construir atención, vínculo y confianza en un entorno saturado? Leonardo Moura define el contenido de marca como una produc­ción financiada o respal­dada por una organiza­ción, capaz de generar una conexión afectiva. Jona­than Hardy demuestra que los medios y el marketing están cada vez más inte­grados, exigiendo trans­parencia para que el conte­nido no parezca publicidad encubierta. María Rodrí­guez-Rabadán Benito des­taca el papel de la narrativa en la creación de vínculos entre la marca y la socie­dad. En síntesis, el Branded Content es un activo narra­tivo de marca con valor pro­pio y autoría significativa para la audiencia.

En la práctica, puede adop­tar múltiples formatos: videos breves, series, pelí­culas de marca, podcasts, videocasts, boletines infor­mativos, plataformas educa­tivas, contenidos patrocina­dos o alianzas con creadores de contenido. La lógica no reside en el formato, sino en la capacidad de integrar la marca dentro de un con­texto de interés genuino.

Para las organizaciones medianas, esta discusión se ha vuelto aún más tangible. Hace pocos años, producir contenido audiovisual de calidad parecía algo dis­tante: la filmación, la edi­ción, el equipo técnico, el guion y la posproducción requerían estructuras complejas y presupues­tos elevados. Ese escena­rio ha cambiado. Wyzowl informó en 2026 que el 91 % de las empresas ya utiliza el video como herramienta de marketing. La tecnolo­gía, las herramientas digi­tales y la inteligencia arti­ficial han reducido barreras y han hecho la producción más accesible. Esto no sig­nifica que cualquier per­sona, mediante una apli­cación de IA, pueda crear un video profesional. Sig­nifica que los profesiona­les y las productoras espe­cializadas pueden producir con mayor calidad y a cos­tos más compatibles. Sin embargo, el punto central sigue siendo la estrategia: a quién impactar, con qué mensaje, en qué contexto, mediante qué narrativa, guion y propósito.

La medición del Branded Content también requiere una lógica diferente. Su función principal radica en la construcción de aten­ción cualificada, recuerdo de marca, consideración, confianza y claridad de propósito. El alcance, la retención, la visualización completa del video, las com­particiones, los comenta­rios cualificados y las bús­quedas relacionadas con la marca contribuyen a medir si el contenido dejó una huella en la memoria del público.

Un buen contenido también puede apoyar las activida­des comerciales, impulsar las ventas, cualificar pros­pectos, educar a los clien­tes y reforzar la propuesta de valor. El Branded Con­tent, por lo tanto, cambia las reglas del juego: des­plaza la marca de la inte­rrupción hacia la relevan­cia y abre actualmente a las organizaciones medianas una posibilidad concreta de construir confianza y dife­renciación en la disputa por la atención del cliente. La pregunta que permanece es: ¿tienen los profesiona­les y directivos el coraje de crear algo suficientemente relevante para que la marca esté presente sin necesidad de ser la protagonista? Está por verse.

Etiquetas: #Branded Content

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