• Por Víctor Pavón

La independencia de los Estados Unidos se inició antes de 1776. Cuando en 1767 el rey y el Parlamento inglés empeza­ron a llevar a la práctica ideas equivocadas como la sobera­nía ilimitada del poder y que una mayoría podía aprobar cualquier ley que conside­raba conveniente, los colo­nos, quedaron en alerta. Sus vidas, libertad y propiedad estaban en peligro.

Los colonos se vieron traicio­nados por el rey Jorge III de Gran Bretaña por la imposi­ción de impuestos sin con­sentimiento previo al té, el azúcar, el papel y el café a las Trece Colonias.

Se dieron enfrentamientos entre el ejército continen­tal comandado por George Washington contra el ejér­cito inglés. Igualmente se destacan Thomas Jeffer­son, James Madison, John Adams, Benjamín Franklin, Alexander Hamilton y John Jay que conocían de los fun­damentos filosóficos prego­nados desde la Escuela de Salamanca en los siglos XVI y XVII y de John Locke en su “Segundo Tratado sobre el gobierno civil” en 1690.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

En panfletos hacían cono­cer ideales que se volvieron populares: La firme convic­ción sobre los derechos natu­rales y el autogobierno.

“Sostenemos que estas ver­dades son evidentes en sí mismas; que todos los hom­bres son creados iguales, que su Creador los ha dotado de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se encuentran, la vida, la libertad y la bús­queda de la felicidad”, dice en una parte la Declaración de la Independencia.

De que los hombres deben preocuparse de sus propias vidas sin dañar a otros suena hasta hoy muy revoluciona­rio. Ya desde los presocráticos en Atenas, la Escuela de Sala­manca en España con Juan de Mariana, Francisco de Vito­ria y otros, y luego con Locke, siguiendo los sagrados dere­chos británicos, para la ética de la libertad es inaceptable e irreconciliable la suprema­cía estatal sobre los derechos individuales.

Solo hay un modo de impedir que el poder viole los dere­chos del hombre. Todo sis­tema político y económico se fundamenta en un código de ética. Pero no el código que predominó en la historia de la humanidad, el colectivismo, por el cual los supuestamente “elegidos por designios divi­nos o por el voto popular” subordinan al individuo a sus caprichos.

Es un código de ética por el cual el individuo tiene dere­chos superiores e inaliena­bles, un derecho moral a la libertad de acción para sus­tentarse y gozar de su pro­pia vida. El descubrimiento de los derechos individuales es nuevo en la historia, son como las “buenas nuevas” del Evangelio y aún no se ha mul­tiplicado lo suficiente sobre la faz de la tierra.

(*) Presidente del Cen­tro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justi­cia y libre mercado”: “Car­tas sobre el liberalismo”; “La acreditación universi­taria en Paraguay, sus defec­tos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

Déjanos tus comentarios en Voiz