- POR JUAN CARLOS DOS SANTOS G.
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Mientras el Pentágono se ve obligado a estirar sus recursos logísticos y navales para escoltar buques petroleros en el estrecho de Hormuz y sostener la frágil tregua con Irán, Beijing lee esto como una dispersión estratégica de Washington. La historia demuestra que cuando EE. UU. se empantana en Medio Oriente, China acelera sus presiones en su patio trasero.
El hecho de que el submarino ya esté entregado y operativo demuestra el éxito de esa coalición encubierta de tecnologías (EE. UU., Japón, Reino Unido) que mencionamos antes. Es la prueba de que la estrategia de blindaje asimétrico de Taiwán funcionó a tiempo, antes de que el tablero de Medio Oriente volviera a succionar la atención de Washington.
El submarino representa la Doctrina Puercoespín en su máxima expresión: un arma asimétrica diseñada no para ganar una guerra abierta contra la masiva Armada china, sino para hacer que el costo de una invasión anfibia sea prohibitivo para Xi Jinping.
Un detalle geopolítico crucial de este proyecto de 1.540 millones de dólares: el Hai Kun se construyó con tecnologías integradas de EE. UU. (Lockheed Martin y Northrop Grumman), pero con componentes de soporte confidenciales de aliados como Japón, el Reino Unido y Australia. Esto demuestra que, incluso si el gobierno estadounidense está ocupado apagando incendios en el golfo Pérsico, se ha consolidado una red subterránea de democracias industrializadas que blindan tecnológicamente a Taiwán, operando de manera independiente a las idas y venidas de la diplomacia abierta de Washington.
LA PARADOJA TEMPORAL
En el mismo momento en que Taiwán sumerge su joya de la corona asimétrica, la Guardia Costera china aprovecha la menor presencia de portaviones estadounidenses en la zona para cercar el este de la isla bajo el pretexto de “maniobras policiales”. China sabe que EE. UU. tiene un límite de fatiga operativa; operar en Hormuz y en el mar del Sur de China al mismo tiempo tensiona al límite las flotas de la Armada estadounidense.
Mientras los ojos de la diplomacia global y los recursos del Pentágono vuelven a concentrarse en los cuellos de botella de Medio Oriente para garantizar el flujo del crudo en el Estrecho de Hormuz, en las profundidades del Pacífico se juega el verdadero destino del siglo XXI. El avance silencioso de las pruebas del submarino Hai Kun en Taiwán es el recordatorio más nítido de que Taipéi ya no puede esperar a que Washington ordene su agenda; la disuasión asimétrica y autónoma ya no es una opción de futuro, sino la única garantía de supervivencia en un orden global crónicamente distraído.

