• Por Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro-
  • MBA Consultor Financiero

El empresario debe conseguir ganarse la confianza y el respeto de todos los que conforman el entorno de la organización. Sus cualidades personales le permitirán erigirse en un auténtico líder que le dará la posibilidad de obtener la mayor eficacia y los mejores resultados de todos los que lo rodean.

Capacidad suficiente para delegar, descentralizar y asignar responsabilidades a todos sus colaboradores. Capacidad de comunicación que permita que las instrucciones y los mensajes lleguen con claridad a los distintos niveles de la estructura organizacional.

*Equilibrio emocional:

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Equilibrio emocional suficiente para trabajar óptimamente en condiciones difíciles o negativas. El buen empresario, como lo señala Daniel Goleman en su libro “La inteligencia emocional en las empresas”, debe poseer suficiente autodominio. “Intuición y las corazonadas revelan la facultad de percibir los mensajes de nuestro depósito interno emocional. Es la base vital de tres aptitudes emocionales: a) la conciencia emocional, b) la autoevaluación precisa, y c) la confianza en uno mismo”.

Un empresario proactivo, actualizado y eficaz deberá disponer de suficiente experiencia y conocimiento del sector y de los productos de la compañía. No debe encerrarse entre cuatro paredes, sino vivir fuera de ellas.

*Conocer el mercado objetivo:

Saber cuál y cómo es su mercado objetivo y qué espera de sus productos. Conocer bien las empresas de la competencia, sus productos y participación dentro del mercado orientando su organización a las necesidades del mismo, en cuanto a producto, diseño, calidad, precio, publicidad, promoción, canales de distribución, ventas, servicio de posventa y las otras variables primarias que hacen al trabajo de marketing.

Estar pendiente del ciclo de vida del producto, introduciendo innovaciones cuando sea necesario, además de generar nuevos productos sustitutos en función a las necesidades del mercado.

Tener conciencia del nivel de endeudamiento que precisa la empresa y conocer los montos máximos que lo puedan asumir en función a su posición económica-financiera-patrimonial.

Utilizar en forma eficiente las nuevas tecnologías informáticas para diseñar y fabricar, como para planificar y controlar la producción de su empresa.

*Capacidad empresarial:

En nuestro país tenemos empresarios capaces y emprendedores, pero también aquellos que “se encierran” en sus propias ideas y no están abiertos a actualizarse y mostrar la ductilidad necesaria y buen manejo de su inteligencia emocional y asertiva, en función al comportamiento del mercado y de la competencia. Difícilmente podrán ser los líderes que toda organización moderna precise dentro de los segmentos de negocios en los que participen.

Los niveles de competitividad dentro de las organizaciones y de los mercados se tornan cada vez más dinámicas y para afrontarlo con posibilidades de éxito se precisa contar con RR. HH. idóneos, que no le teman al cambio, sino que los acepten profesionalmente como un desafío, pues las oportunidades son cada vez mayores, pero también exigentes.

Las estructuras organizacionales de este siglo deben ser 100 % horizontales, donde puedan fluir en forma organizada los niveles de responsabilidad a los distintos niveles. La permanente innovación y creatividad en las empresas deben ser uno de los principales ingredientes, para poder mantenerse competitivos y rentables.

Ya no es suficiente “carta de presentación” el tener productos con marcas tradicionales, si en contrapartida no se van “aggiornando” convenientemente en función a lo que dictan las exigencias del mercado.

Si no miramos para adelante, podremos quedarnos a mitad de camino y es bien sabido que la competencia no dudará para seguir ganando cuota de mercado que beneficie a su gestión económico-financiera.

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