• Por Benjamín Livieres
  • Analista político

Acostumbrado a las declaraciones altisonantes, pero de muy poca profundidad y menor efecto práctico, el presidente del Instituto de Previsión Social, Isaías Fretes, ahora nos comunica que la entidad tiene un déficit de G. 150.000 millones/mes, unos 25 millones de dólares, solo para cubrir los gastos de medicamentos, a los que apenas se destinaron G. 42.000 millones, equivalentes a 7 millones de dólares.

Fue al término de una reunión en el Senado, con miembros de la Comisión de Hacienda, ante quienes expuso la necesidad de declarar “estado de emergencia” aclarando, sin embargo, que esto solo serviría en términos administrativos y no financieros. O sea, reconoce no tener respuesta –y si tuviera, no lo dice– sobre cómo cubrir el enorme déficit, de más del 75 % que según él tiene el IPS en el rubro fármacos, uno de los más sensibles, pero no el único.

Acto seguido preguntó dónde va el resto del dinero (que queda tras el pago de esos G. 42.000 millones) y se respondió a sí mismo: “Para pagar deudas”. Sin embargo, durante la reunión con los legisladores se expusieron otros datos que generan alarma, al no estar en concordancia con dicha afirmación. El Fondo de Salud correspondiente a mayo, dijeron, alcanzó guaraníes G. 462.432 millones, de los cuales 170.617 millones correspondieron a obligaciones financieras.

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Los números “no cuadran”. Si se usaron G. 42.000 millones para la compra de medicamentos y se pagó G. 170.617 millones en concepto de deuda, el monto erogado es de G. 212.617 millones, en cuyo caso quedarían G. 219.815 millones. Seguramente habrá alguna explicación y probablemente sea que la diferencia tan grande obedezca la existencia de otras obligaciones que debe conocer cualquier ordenador de gastos, como insumos, salarios del personal de blanco y múltiples adquisiciones. Pero sabemos que el titular del IPS, desde el día 1, se desentendió de las cuestiones administrativas más elementales, que admite desconocer.

Recordemos que hace tres semanas, en plena conferencia de prensa, se vanaglorió de haber logrado un incremento de las recaudaciones del 60 % en solo un mes, atribuyendo el hecho a la credibilidad de la que gozaría su gestión. Pero la realidad es que el aumento fue del 0,6 %, 100 veces menos. Por eso, a la hora de analizar cualquier proyecto emanado de la previsional, sea la “declaración de emergencia” u otro, corresponde “examinar con lupa”, como bien dijo el titular del Congreso, Basilio Núñez.

Mientras los asegurados siguen sometidos a innumerables padecimientos, que no se resuelven con cambios cosméticos ni la permanente exposición ante los medios de prensa. En tanto no se aborden los problemas estructurales que afronta la previsional, sus consecuencias seguirán afectando a los asegurados, que sufren la falta de medicamentos, insumos e insuficiencia de profesionales médicos.

Estos son los aspectos que deben ser resueltos urgentemente, pero bajo ningún punto de vista por medio de la contratación de nuevos préstamos, como algunos ya insinúan, pues por esa vía, aunque se cancelen ciertas deudas, aumentaría el déficit del Fondo de Salud y se dispondría de menos recursos para hacer frente a las demandas de una cantidad de asegurados que seguirá creciendo.

De nada sirve decir, como Fretes, “ivaí la ore porte”. Lo feo en realidad es que los actuales administradores no muestren idoneidad para capear tormentas y diseñar una hoja de ruta para llevar la nave a buen puerto.

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