• Jorge Torres Romero

En su reciente informe de gestión ante la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional Republicana, el presidente de la República, Santiago Peña, dejó una definición que retrata con precisión a un sector de la política y de la opinión pública paraguaya: los profetas del odio.

No se trata simplemente de quienes ejercen una crítica legítima al Gobierno. La crítica es necesaria en toda democracia. Los profetas del odio son aquellos que han hecho de la negatividad una forma de vida, los que jamás reconocen un avance, los que buscan permanentemente instalar el desaliento, la confrontación y el fracaso como único relato posible del Paraguay.

Desde el primer día de este gobierno intentaron construir una historia que nunca existió: una supuesta división entre el presidente Santiago Peña y el presidente de la ANR, Horacio Cartes. Apostaron a conflictos imaginarios, a disputas internas inventadas y a fracturas que jamás se produjeron. Mientras el Gobierno trabajaba en programas sociales, inversiones, infraestructura, generación de empleo y fortalecimiento institucional, ellos seguían obsesionados con una interna ficticia que solamente existía en sus deseos.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

Los profetas del odio no hablan de las necesidades de la gente. No presentan proyectos, solo difunden sospechas, no generan esperanza, e intentan sembrar frustración.

Es más, cuando el país encuentra una razón para unirse, tampoco pueden evitarlo.

Paraguay vive hoy un momento especial. Después de dieciséis años, nuestra selección nacional vuelve a ilusionar a millones de compatriotas con la posibilidad concreta de participar en una Copa del Mundo. El histórico triunfo ante Turquía renovó la esperanza de todo un pueblo que sueña con volver a ver a la Albirroja en la máxima cita del fútbol mundial.

Mientras la inmensa mayoría de los paraguayos celebraba ese logro deportivo que nos une por encima de las diferencias políticas, algunos referentes opositores decidieron convertir incluso esa alegría colectiva en un motivo de confrontación. Hablaron de “mufas”, especularon sobre la presencia o ausencia de determinadas autoridades en el estadio y buscaron transformar un momento de orgullo nacional en una discusión estéril.

Es la demostración más clara de una conducta repetida hasta el cansancio: cuando no encuentran problemas reales, fabrican polémicas superficiales. Cuando no tienen propuestas, buscan titulares. Cuando no pueden construir esperanza, intentan contagiar pesimismo.

Por eso la oposición paraguaya no logra conectar con la ciudadanía. Por eso no genera entusiasmo. Por eso no consigue enamorar al electorado. Porque la gente percibe la diferencia entre quienes trabajan para resolver problemas y quienes viven exclusivamente de señalar defectos, muchas veces imaginarios.

Ojalá que el espíritu de unidad que hoy nos regala la selección nacional sirva también como una reflexión para esos fariseos modernos que han elegido el camino del odio como estrategia política. Ojalá comprendan que el Paraguay necesita optimismo, trabajo y compromiso.

Porque mientras los profetas del odio anuncian tormentas todos los días, millones de paraguayos siguen apostando por el futuro, creyendo en su país y trabajando para hacerlo cada vez mejor. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

Etiquetas: #profetas#odio

Déjanos tus comentarios en Voiz