• Emilio Agüero Esgaib
  • Pastor

Vivir en un mundo incierto y caído, lleno de incertidumbre por el futuro, temor por la enfermedad o la muerte de uno mismo o alguien que ama, la violencia y deslealtad tan común en el ser humano y además los medios de comunicación en general que nos bombardean con problemas que no son nuestros y no podemos resolverlos, nos agobian aún más.

Además de esto el sistema del mundo quitó a Dios y al quitarlo quitó también la trascendencia, sin Dios no hay esperanza ya que la idea de Dios conlleva trascendencia y seguridad ya que, de alguna manera, nos hace creer que esta vida no lo es todo, de que en algún momento habrá justicia antes tantas injusticias que vemos y que por fin alguien premiará al bueno y castigará al malo, cosa que todos normalmente desearíamos.

El sistema sustituyó a Dios por el ego y el orgullo. A la vez que quita a Dios del medio exalta la egolatría humana: “tú puedes”, “eres especial”, “crea tu propio destino”, “la felicidad te espera”, “todo lo que deseas te llegará”, “eres único”, “mereces ser feliz” y un montón de eslogan más que nos meten a fuerza en la cabeza y nos carga aún más, porque la verdad es que la mayoría no puede, no se siente especial, no tiene control de su presente menos de su futuro, la felicidad les espera, pero ¿dónde? No nos llega todo lo que deseamos, muchas veces nos llega justamente lo que no deseamos, no somos únicos y muchos no sienten que merezcan ser felices, y si lo sienten tampoco hace la diferencia. “No somos felices”, dicen millones de personas en todo el mundo.

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Millones están buscando cosas que les de significado per están sumidos en el egoísmo y autosatisfacción. No hay contentamiento, paz, ni gozo duradero, todas esas cosas hay sido remplazadas por placer, libertinaje disfrazado de libertad y en vez de paz tenemos una negación de nuestra realidad para auto engañarnos.

La vida pasa rápido, sin darnos cuenta ya estamos en una edad adulta y sentimos cada vez más que todo lo que hemos hecho no fue más que afán y trabajo fatigoso en el cual no hay contentamiento. En Eclesiastés 2:18-23 describe la inconformidad humana ante una vida tan corta y dura.

Hay tres cosas básicas o realidades que todo ser humano necesita, podríamos decir que es el “mínimo irreducible”, sin estas tres cosas básicas no podremos hallar contentamiento en nada: uno es amor. Necesitan ser amados, necesitan ser amados incondicionalmente, necesitan ser amados abundantemente y necesitan ser amados por alguien que conoce sus fallas y aún así los ama.

En segundo lugar necesitan alguien en quien confiar (fe), alguien en quien creer, alguien que esté comprometido con su bienestar, alguien en quien puedan confiar sus vidas y sea lo suficientemente generoso y poderoso y que tiene los recursos para asegurarlos en medio de un mundo inseguro y que tenga el poder de rescatarlo de todos sus problemas.

Lo tercero que necesita la gente es esperanza, necesita saber qué hay un futuro, saber qué hay un plan y un propósito y que en el futuro algo bueno va a pasar y que será mucho mayor y mejor que cualquier experiencia mala que hayan pasado en sus vidas. Amor, fe y esperanza. 1 Corintios 13:13 dice “y ahora, permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de todos es el amor”.

Todo esto es el “trío cristiano” y lo que se le ofrece a toda persona en el evangelio. Sin experimentar eso no se puede vivir una vida de paz y gozo. La paz es la ausencia de violencia, muerte, perturbación, y el gozo la capacidad de disfrutar todo lo que la paz nos da o sea, tranquilidad, quietud, seguridad.

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