- Por Benjamín Livieres
- Analista político
Es típico en todas campañas electorales. Los que se encaminan a la derrota atacan y los que marchan hacia la victoria los ignoran. Es lo que está pasando en Asunción, donde las hostilidades hacia Camilo Pérez por parte de la disidencia que promueve la candidatura de Arnaldo Samaniego, se intensificaron en los últimos días por medio del viejo e ineficaz método de la “guerra sucia”.
El último de estos ataques estuvo dirigido a inculpar al candidato oficialista de pretender poner en venta las propiedades en las que están asentados los bañadenses. Un tiro en el pie, como se dice vulgarmente, dado que esto motivó declaraciones de los propios afectados al tema en cuestión, como el presidente de la seccional 23, Víctor “Chapu” Fernández, quien no solo desmintió el supuesto plan, sino que recordó algo que Arnaldo hubiera preferido que se mantuviera en el olvido. “Fue él, cuando estuvo como intendente, quien intentó llevar a la venta nuestras tierras y eso le llevó a perder las elecciones contra Mario Ferreiro”, disparó.
Hasta ahí se trata de un discurso mentiroso, que busca captar adhesiones u ocasionar daños al adversario con base en el engaño. Las cosas se agravan cuando se pasa del ataque personal, desde luego censurable, al ataque a la institucionalidad democrática, como lo viene haciendo la senadora Lilian Samaniego, quien se puso al frente de la campaña y relegó a un plano secundario a su propio hermano.
Lilian no anduvo con vueltas y apuntó directamente contra uno de los pilares que sostienen nuestro sistema democrático: la confiabilidad en el sistema electoral, como garante del respeto a la voluntad popular. Las máquinaselectorales se convirtieron así, del día a la noche, en supuestos instrumentos al servicio de la trampa, del fraude. Y como no podía ser de otra forma, rápidamente se subieron al carro el grupo Abc, que se anota en cualquier aventura que pueda generar inestabilidad política y sectores de la oposición, que desean fervientemente volver a las papeletas con el fin de rehabilitar las “listas sábana” que tanto cuestionaban.
Los objetivos de la oposición y de Abc están claro, pero, ¿y el de Lilian? En su caso es probable que le haya traicionado sus ambiciones políticas desmedidas. Ocurre que el lanzamiento de Arnaldo tuvo como finalidad inicial negociar con el abdismo un paquete más amplio, que incluía el 2028, pero en algún momento creyó que podían ganar las internas municipales y quedar aún mejor posicionados para, como mínimo, integrar la chapa como vice. Así las cosas, y ante la negativa de este sector a realizar una encuesta para definir quién encabezaría la alianza de la disidencia en Asunción, Añetete decidió hábilmente retirar a su candidato –Dani Centurión– en aras de un objetivo superior (derrotar al cartismo) y, si eso no era posible, que “la culpa” sea de otros, es decir, del “clan Samaniego”.
Ese es el problema de Lilian y familia. Todo indica que la hipótesis de no poder ganarle al cartismo se confirmará en 10 días, en cuyo caso quedaría en una posición altamente desfavorable de cara a las elecciones generales. En consecuencia, hay que abrir paraguas, pensó, e impugnar el resultado de las elecciones por… “fraudulentas”.
Los síntomas de desesperación son inocultables. Las campañas sucias, por un lado, y la impugnación del proceso electoral en el campo de la retórica, por el otro, no son más que la antesala del fracaso electoral que vislumbran.

